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Reflexiones sobre el análisis de un sistema de innovación

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A lo largo de la historia las universidades han experimentado profundos cambios, tanto en sus niveles de organización, como en sus competencias y fines institucionales. La vieja institución universitaria se ha transformado radicalmente, pasando de ser la fuente principal del conocimiento y el saber, a convertirse en uno de los principales agentes del proceso de cambios sociales, económicos y culturales que han experimentado las sociedades modernas.

Hoy, la Universidad es considerada como una de las instituciones mejor preparadas para afrontar los retos de la sociedad del futuro y, sobre todo, es reconocida como un pilar fundamental del nuevo modelo productivo que se articula en torno al conocimiento, la tecnología y la innovación.

Y es precisamente la definición de un sistema de innovación, basado en el conocimiento y en la transferencia tecnológica, lo que justifica las reflexiones que se esbozan a continuación:

Los centros públicos de investigación y las universidades constituyen la piedra angular del sistema de innovación, en el que además deben participar las Administraciones Públicas y el sector productivo.

En el nuevo modelo económico, basado en el conocimiento, las instituciones de educación superior desempeñan un papel fundamental, produciendo, transmitiendo y difundiendo el conocimiento a la sociedad, generando nuevas ideas, formando al personal científico y técnico, y transfiriendo los resultados de la investigación al tejido productivo para solucionar los problemas y para hacer avanzar a la sociedad.

Este nuevo enfoque otorga a la Universidad un papel mucho más activo en la sociedad, convirtiéndola en principal impulsora del proceso de cambios y en motor del desarrollo económico, social y cultural.

Esta nueva concepción, que sitúa a la Universidad en el corazón de la sociedad, como eje transversal de las políticas de desarrollo que la hacen avanzar, ha dado lugar a que las instituciones académicas de educación superior adquieran una nueva función: la que se ha dado en llamar la “tercera misión” de la Universidad. Una misión complementaria de sus funciones básicas: docencia e investigación. Una misión que abarca todas las actividades relacionadas con la generación, uso, aplicación y explotación del conocimiento.

En este contexto, que es global y que afecta a la sociedad en general, resulta complicado establecer un juicio exacto sobre la situación real del sistema de innovación en el ámbito iberoamericano, debido fundamentalmente a su extensión, a su heterogeneidad y, sobre todo, a su carácter transnacional. No obstante, es preciso destacar que los componentes fundamentales de ese sistema de innovación se encuentran bien establecidos, mediante modelos, y que hay una clara interrelación entre ellos, condición esencial para poder asentar las bases de un  modelo de progreso económico y de bienestar social que redunde en una mejora sustancial de la calidad de vida de los ciudadanos en este espacio territorial.

Un sistema de innovación está integrado por cuatro agentes principales: el tejido empresarial, los recursos de I+D, las actuaciones públicas y el entorno socio-económico (ver figura 1).


Figura 1. Los componentes del sistema de innovación

Por lo que respecta, en primer lugar, al tejido empresarial, las innovaciones se convierten en productos comerciales, y su grado de innovación depende del porcentaje de empresas innovadoras, de su esfuerzo en I+D, de la cultura innovadora y de la especialización sectorial. También afectan a la innovación empresarial factores tales como la rivalidad interna, la apertura del mercado, el nivel de internacionalización y la existencia de clientes sofisticados y exigentes.

En cuanto a los recursos de I+D, que integran el segundo agente del sistema de innovación, constituyen toda la infraestructura de apoyo a la innovación empresarial. En ésta están integrados los recursos humanos y materiales para la I+D, los expertos en tecnologías, las soluciones a los problemas técnicos y de gestión, la información o  los servicios de naturaleza tecnológica.

Estos recursos de I+D pueden tener un carácter privado, como ocurre con los Centros de Formación, los Centros Tecnológicos, los Servicios de Información y Consulta, e incluso los Parques Tecnológicos. Y pueden ser, también, de carácter público, como sucede con los Organismos Públicos de Investigación, las Universidades o los Centros de Transferencia de Tecnología. Estos últimos poseen como misión asegurar la difusión de las innovaciones en el sistema y facilitar la interacción entre los distintos elementos del mismo.

Por lo que se refiere a las actuaciones públicas, que constituyen el tercer eje del sistema de innovación, se manifiestan  a través de la denominada política tecnológica, que viene definida como la intervención gubernamental en el proceso económico con la intención de afectar al proceso de innovación tecnológica. Estas actuaciones públicas han de tener en cuenta una serie de límites, que están en función de las capacidades y del nivel tecnológico y empresarial del tejido industrial.

La intervención gubernamental puede producirse por diferentes vías. El gobierno puede actuar como un usuario más de las tecnologías. Puede influir en el sistema de innovación mediante la regulación y adaptación del marco jurídico a las necesidades de la actividad innovadora. Puede propiciar la concentración regional de las actividades innovadoras, así como fomentar la creación de centros de apoyo a las necesidades innovadoras o incidir en la educación y en la formación.

Por último, el entorno socio-económico, como cuarto eje del sistema de innovación, influye de forma indirecta sobre la capacidad tecnológica del tejido empresarial. El sistema educativo y las cualidades del capital humano influyen sobre el número de personas cualificadas que se puedan dedicar a la producción de nuevas tecnologías. De hecho, la educación en sí misma constituye un mecanismo eficaz de transferencia de tecnología.

En el entorno socio-económico también se incluyen los aspectos financieros. En concreto, la existencia de recursos suficientes para hacer frente a los riesgos de la innovación, que es una de las demandas más realizada por los empresarios.

Otro de los factores que influyen en un sistema de innovación es la transferencia. La transferencia consiste en la acción de difundir la innovación entre todos los elementos del sistema. Para desarrollar todas sus potencialidades sería conveniente adoptar un modelo lineal de transferencia, en el cual la investigación básica se convierta en innovación,  a través de dos pasos intermedios: la conversión de investigación básica en investigación aplicada, y la transformación de esta última en tecnología. De este modo, se denomina proceso de transferencia a la conversión de resultados de la investigación aplicada en una tecnología.

A pesar de todo lo cual, es preciso destacar que este modelo lineal de transferencia, ha dado lugar en el espacio económico europeo a la denominada paradoja europea, en la cual niveles excelentes de resultados científicos provocan escasas innovaciones tecnológicas. El modelo lineal de la transferencia se detalla en la figura 2.


Figura 2. Modelo lineal de la transferencia de tecnología.

Por otro lado, es preciso poner de relieve que las universidades y los centros de investigación asumen entre sus funciones la generación de nuevos conocimientos a modo de resultados de investigación, tanto básica como aplicada. Éstos resultados deben ser transferidos del mundo científico al ámbito empresarial, mediante mecanismos de transferencia de resultados. Es decir, se trata de convertir conocimientos científicos aplicándolos en tecnologías útiles para el tejido empresarial.

Cuando se produce esta transferencia se introduce una nueva tecnología que genera una innovación tecnológica y, un suma, un desarrollo tecnológico.

Por último, cuando la nueva tecnología se introduce en el mercado es cuando realmente se puede hablar de innovación.

A pesar de todo lo cual, ésta no es una tarea fácil, sobre todo, porque los actores implicados se encuentran en dos mundos que hablan lenguajes distintos y poseen intereses diversos.

Llegados a este punto, sobre la base de los modelos definidos, de acuerdo con el conocimiento que me ha dado la experiencia, tomando como referencia la profusa literatura existente sobre este tema y atendiendo a las aportaciones realizadas a través del portal de Universia, por investigadores, tecnólogos, empresarios y ciudadanos en general, voy a realizar un análisis de la situación iberoamericana en el ámbito de la ciencia, la tecnología y el retorno que produce al entorno socioeconómico.

Para ello voy a partir de una idea, la denominada “tercera misión” atribuida a las universidades, aquélla relaciona a las instituciones de educación superior con la generación, uso, aplicación y explotación del conocimiento.

Una misión que  ha comportado cambios sustanciales en el gobierno de la Universidad, y que ha dado lugar a la creación de nuevas estructuras dirigidas a promover y gestionar las relaciones Universidad-Empresa, y destinadas a potenciar los procesos de comercialización de resultados de la investigación. Estas nuevas estructuras son de creación relativamente reciente en la mayoría de los países (menos de 20 años) y presentan la singularidad de que se dedican a la gestión de instrumentos no habituales en el marco de las administraciones públicas, con enfoques divergentes. Son las Oficinas de Transferencia de Resultados de la Investigación.

Por lo que respecta a las universidades latinoamericanas, también han diseñado, en los últimos años, estructuras específicas con esta finalidad. Es  el caso de México, Brasil o Chile a finales de los años ochenta de Argentina, Colombia, Venezuela y Costa Rica en la década de los noventa.

No obstante, ha sido en la última década, ya en el siglo XXI, cuando las universidades latinoamericanas han contemplado las relaciones con el sector productivo como una de sus líneas estratégicas de actuación, poniendo en marcha las denominadas Unidades de Vinculación. Ahora se hace  necesario incidir en la formación y cualificación de sus responsables, potenciando la adquisición de nuevos conocimientos y capacidades. Siendo, precisamente, esta necesidad de profundizar en la profesionalización de los responsables de la transferencia científica y tecnológica, uno de los retos principales de las universidades de este ámbito territorial.

En general, si bien los responsables de las universidades latinoamericanas han sido conscientes de la necesidad de intensificar y organizar adecuadamente las relaciones entre la universidad y su entorno socioeconómico, tal como han puesto de manifiesto diversos investigadores, la tendencia actual en los países iberoamericanos ha sido la adopción de esquemas y modelos de vinculación derivados de la experiencia de países más avanzados, en muchos casos sin la crítica ni la reflexión adecuadas.

Todo lo cual ha conducido a la creación de espacios favorecedores de los procesos de innovación, tales como los Parques Tecnológicos o las Incubadoras de Empresas de Base Tecnológica, en contextos en los cuales las características de las universidades y del sector productivo, no eran las más adecuadas para ello.

Por otra parte, dado que la actividad de vinculación es relativamente reciente, por lo menos con un carácter formal, el grado de profesionalización de dicha actividad no está suficientemente desarrollada. De hecho, con algunas notables excepciones (Red OTRI española, cursos de la OEI, encuentros universitarios nacionales, Red Vitec de Argentina), los espacios existentes en Iberoamérica para el intercambio de experiencias y para la formación específica en temas relacionados con la gestión de la relación Universidad-Empresa han sido escasos y dispersos, por lo que es necesario potenciarlos.

Para contrarrestar estas deficiencias, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID), ha puesto en marcha recientemente una iniciativa encaminada a crear una Red Iberoamericana para la formación de Gestores de las Relaciones Universidad-Entorno Socioeconómico (Red IBER-RUES) con objeto de que se lleve a cabo un mayor seguimiento de las iniciativas de formación emprendidas, que contribuya a favorecer el intercambio de conocimientos entre las diferentes redes nacionales o regionales que están iniciando su actividad en los países de Iberoamérica.

Esta red pretende cumplir un doble objetivo. Por una parte, contribuir a la profesionalización de las actividades que definen las relaciones  Universidad-Empresa, a través de programas de formación y de intercambio de experiencias. Y  por otra parte, convertirse en un espacio de reflexión orientado al análisis y la adecuación de las estrategias y modelos de vinculación más acordes con las características del contexto iberoamericano en general, y de cada país o región en particular.

En este sentido, para realizar un análisis del estado actual, resulta necesario ir a cada uno de los componentes del denominado sistema de innovación e identificar las relaciones existentes entre ellos, teniendo en cuenta que se encuentran inmersos en un entorno económico-social determinado.

Todo ello, debe llevarse a cabo a través de una metodología que proporcione un diagnóstico claro en dos ámbitos muy concretos: las funciones de la academia, del tejido productivo y de la administración, en un primer estadio, analizando después sus interacciones.

Lo que, sin duda, requiere establecer un sistema de indicadores, que a modo de cuadro de mandos, dé una visión del sistema que permita la toma de decisiones. En concreto, se deben definir variables objetivas que permitan medir el grado de producción científica y tecnológica de las universidades, así como su capacidad de transferencia de conocimiento. Asimismo, se debe tener en cuenta su capacidad de formación, tanto para producir una masa crítica de científicos y tecnólogos, como de emprendedores llamados a renovar el tejido empresarial.

Por otro lado, se debe medir el grado de innovación del tejido empresarial para conocer su capacidad para producir nuevos productos o servicios, así como las nuevas formas de comercialización o de fabricación.

Finalmente, se necesitan indicadores de interacción entre la academia y la industria, de forma que se determine que parte del “saber hacer” de las universidades da lugar a conocimientos no comercializados hasta el momento y qué parte de ese “saber hacer” puede dar lugar a una innovación, cuánto desarrollo empresarial es apoyado por la investigación universitaria, y lo más importante, cuál es la capacidad de las empresas para absorber mano de obra cualificada procedente de las universidades.

Todos estos indicadores conducen inexorablemente a identificar los problemas del “sistema de innovación” que la Administración tendrá que solventar, mediante programas o medidas específicas.

Precisamente en este sentido, es necesario destacar que entre las cuestiones clásicas que provocan desajustes en el ámbito de las universidades y las empresas destacan las siguientes:

•    Problemas de las Universidades:
o    La I+D no se encuentra suficientemente orientada hacia las demandas empresariales.
o    No se conocen las necesidades tecnológicas de las empresas.
o    Hay un desequilibrio entre la formación y las necesidades de las empresas para innovar.
•    Problemas en las empresas:
o    La baja consideración de la innovación como elemento de competitividad.
o    Las PYMES desconocen la oferta tecnológica universitaria.
o    La escasa cultura de cooperación.
o    El desconocimiento del sistema de patentes.

Erradicar de forma definitiva estas cuestiones resulta bastante complicado, pero es conveniente emplear algunos instrumentos que pueden mitigar sus efectos.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la innovación mal entendida puede acarrear una serie de peligros. En concreto, se pueden confundir las demandas sociales con los intereses empresariales y que realmente no lleguen a la sociedad conocimientos, productos o servicios que no se consideren rentables. En definitiva, se debe evitar considerar a la Universidad como un elemento más del producto interior bruto de un país.

Definición del escenario deseado.

En concordancia con todo lo expresado anteriormente, cuando se habla de un escenario deseado, éste se debe describir a partir del análisis de los elementos que lo componen.

Se puede empezar con la implantación de un modelo de Universidad moderna. Una Universidad que incluya entre sus funciones básicas: la formación, la investigación y la transferencia de resultados a la sociedad. Estos fines institucionales se encuentran imbricados entre sí y, de forma conjunta e inseparable, proporcionan a la sociedad pensamiento y nuevos conocimientos que se transforman tanto en el desarrollo personal de sus ciudadanos como en la creación de nuevas empresas.

En definitiva, es importante consolidar la idea de que la Universidad debe proporcionar a la sociedad igualdad de oportunidades, cohesión social, progreso, crecimiento y bienestar.

Por lo que respecta al papel de la investigación en la Universidad: por un lado, debe tener un carácter multidisciplinar, que derribe los compartimientos estancos entre áreas y por el otro lado, debe adaptarse a las necesidades del tejido socio-económico e integrarse en el sistema de innovación. De esto modo, se romperá el aislacionismo del que se acusa a la Universidad. Por otro lado, debe acabarse, también, con la dicotomía establecida entre investigación básica y aplicada.  Es necesario convencerse de que hay que apoyar a la investigación sin más. A la investigación guiada por la curiosidad, la de carácter estratégico y la demandada por el tejido productivo.

Además, se demanda que la Universidad, como proveedor de conocimiento y tecnologías, se integre en el llamado modelo de la nueva economía, donde convivirá con el sector productivo como demandante de tecnologías, otorgando a la Administración el papel de diseñadora y ejecutora de la política científica.

De este modo, surge la denominada sociedad del conocimiento, definida por la innovación y el uso intensivo y extensivo de las nuevas tecnologías, tanto en el aprendizaje, como en la transferencia del conocimiento y en la producción. De manera que este modelo se apoya en la investigación y el desarrollo, así como en la capacidad de transferencia del conocimiento, tanto al sector productivo como a la sociedad en general. Con ello, se busca que las empresas adquieran ventajas competitivas tanto con la gestión del conocimiento como con las innovaciones tecnológicas.

Figura 3. La cadena de la innovación

De acuerdo con todo esto, la Universidad, el tejido empresarial y el mercado conforman la denominada cadena de la innovación, tal y como se describe en la figura 3. En ella, la Universidad actúa como generadora de ciencia que produce resultados de la investigación, encaminados a producir nuevas innovaciones científicas, o bien a ser transferidas al tejido productivo para convertirse en tecnología.

Ambas vertientes resultan de gran interés: la primera de ellas asegura que la máquina de generar conocimientos no se para y la segunda, encamina los nuevos conocimientos no comercializados al tejido productivo.

En cuanto a la absorción de este saber hacer por parte de las empresas, puede realizarse mediante proyectos de colaboración o acuerdos conjuntos para desarrollar los nuevos productos o servicios, licenciamiento de patentes o creación de nuevas empresas spin-off que sirven a la vez para renovar el tejido empresarial y alcanzar un nivel de maduración de las nuevas tecnologías. Asimismo, este tipo de empresas de origen universitario poseen gran interés debido a que en la mayoría de los casos guardan una estrecha relación con la Universidad/Institución que facilita la transferencia del conocimiento.

El último paso de la cadena de la innovación se produce cuando el tejido empresarial convierte la tecnología en una innovación. Cuando logra introducir el nuevo producto o servicio en el mercado. En este último paso, la Universidad puede influir de forma indirecta mediante la educación y la divulgación científica.

El objetivo es configurar una sociedad sofisticada que exija nuevas innovaciones, que actúe como cliente exigente, que exija nuevos retos al tejido empresarial.

Toda la cadena de la innovación se ve alterada debido a que carece de mecanismos de realimentación apropiados entre las universidades y las empresas, con objeto de conocer las ofertas de la primera y las demandas de la segunda. Para ello, se deben articular diversos mecanismos que actúen de puente entre la Universidad y el sistema socioeconómico.

Se deben crear mecanismos en el seno de las universidades que promocionen y faciliten, de forma proactiva la “tercera misión de la Universidad”. Estos mecanismos pueden ser complementados por estructuras que apoyen la investigación aplicada, como son los Institutos Universitarios.

Por otro lado, el desarrollo de un sistema de pre-incubación e incubación de empresas, las denominadas “spin-off universitarias” junto con una promoción de la cultura del emprendimiento pueden ayudar, también, a complementar los mecanismos existentes de transferencia de tecnología.

Para concluir, y como medida complementaria, es preciso garantizar y potenciar la movilidad de investigadores, con objeto de integrarlos en la empresas como tecnólogos. Todo lo cual ayudará a reforzar las conexiones entre la Empresa y la Universidad.

Esto que pudiéramos denominar “ecosistema de la innovación” tiene que activarse y dirigirse con medidas concretas, establecidas por la Administración central o regional. Siendo necesaria la creación de Parques Científicos en los que se agrupen empresas innovadoras vinculadas a la Universidad.

Además, es imprescindible llevar a cabo una política de incentivos para promocionar la investigación en sus distintas vertientes, para potenciar la transferencia a las empresas y producir innovación.
Las medidas concretas que se plantean y que pueden ponderarse en mayor o menor medida, en función de la situación particular de cada país o región, son las siguientes:

1.    Establecer un sistema de titulaciones universitarias que posean un carácter lo más homogéneo posible, que abarque la mayor territorialidad y que posea un carácter transnacional. Asimismo, tiene que ser flexible para que se adapte a las necesidades concretas de las demandas sociales.
2.    Diseñar un sistema de indicadores que pueda ser utilizado para realizar la diagnosis del sistema de innovación y que será la base para el diseño de estrategias que ayuden a paliar las disfunciones existentes.
3.    Potenciar las estructuras de transferencia de tecnologías en el seno de las universidades, que se encargarán de la identificación de los resultados de la investigación, de propiciar su transferencia al mercado y de establecer acuerdos de colaboración entre la Universidad y la Empresa.
4.    Actuar sobre la cultura del emprendimiento y la protección de la propiedad intelectual e industrial, dirigida a toda la comunidad universitaria. Esta acción, debe complementarse con un sistema de incubación de “spin-off universitarias”, que se fundamentarán en conocimiento protegido.
5.    Potenciar las redes de transferencia de tecnología entre universidades con el objeto del intercambio de buenas prácticas, como con instituciones o empresas de otros ámbitos para establecer círculos de innovación.
6.    Establecer mecanismos de divulgación científica de la ciencia que se produce en las universidades. El objetivo es que esta promoción de la ciencia llegue al público en general para que la universidad sea considerada y valorada en la sociedad.
7.    Propiciar la creación de Centros Tecnológicos en conexión con las universidades, que ayuden tanto a identificar las necesidades de las empresas de un mismo sector, como a resolver sus problemas más tecnológicos.
8.    Establecer medidas concretas de transferencia de tecnología orientada al desarrollo de las regiones menos favorecidas. Se trata de exportar tecnologías útiles a zonas deprimidas para favorecer el aumento del bienestar social.

24 de respuestas para “Reflexiones sobre el análisis de un sistema de innovación”

  1.  
    César Mesinas Cortés dijo:

    ME PARECE CRUCIAL EL FORO PREVIO Y EL ENCUENTRO MISMO, TENGO 30 AÑOS DE IMPARTIR CLASES EN EL NIVEL SUPERIOR UNIVERSITARIO, RECIENTEMENTE HE TERMINADO DOS LIBROS, GESTION DEL CONOCIMIENTO EN EL 2010 CENTRADO EN LAS OPORTUNIDADES QUE PUEDEN DESAROLLAR LAS UNIVERSIDADES Y EMPRESAS ES LA TEMATICA GENERAL QUE SE PRESENTA EN ESOS DOCUMENTOS, ME GUSTARÍA PARTICIPAR COMO PONENTE, ME GUSTARÍA CONTRIBUIR POSITIVAMENTE A LA DISCUSION Y REFLEXION Y ME GUSTARIA APRENDER DE ESTA EXPERIENCIA. ESTOY A SUS ORDENES.

  2.  
    Darío Villanueva, USC (España) dijo:

    Me parece magnífica la ponencia de mi buena amiga y colega, la rectora Adelaida de la Calle. Tan solo quisiera añadir un comentario referente a un asunto que para mí tiene interés máximo. Se trata de si la Universidad tiene tres o cuatro misiones, dada la absoluta conveniencia de añadir a las tradicionales una nueva función de transferencia de conocimiento para el desarrollo social.
    Que en la Unión Europea el Plan Bolonia aspire a favorecer no solo la movilidad de los estudiantes europeos sino también su empleabilidad no significa que se pretenda erradicar cualquier estudio que no esté directamente vinculado con sectores o procesos productivos. Ahora bien, aplíquese aquí el dicho acerca de la mujer de César. No me cabe duda de que por parte de los responsables políticos y universitarios no existe la intención oculta de hacer ciertas las denuncias de mercantilización y privatización de nuestra enseñanza superior que estamos escuchando en España día sí y día también. Pero precisamente por ello, hay que insistir en un discurso inequívoco al respecto, algo que puede no estar del todo claro en el documento ESTRATEGIA UNIVERSIDAD 2015 que el equipo directivo del Ministerio español de Ciencia e Innovación presentó a finales de 2008.
    En el apartado cuarto de su resumen ejecutivo, que se puede consultar en la página web del Ministerio, figura, por caso, un cuadro en el que se representan tres misiones para la Universidad: Formación, Investigación; y Transferencia de conocimiento y tecnología.
    Curiosamente, también eran tres las misiones que el filósofo José Ortega y Gasset defendía en uno de los textos más influyentes en el pensamiento universitario del Siglo XX. Me refiero a su libro, titulado precisamente Misión de la Universidad, que publicó Revista de Occidente en 1930 a partir de una conferencia encargada por la Federación Universitaria Escolar (FUE), la vanguardia -entonces– del movimiento estudiantil. Y Ortega concluía precisamente su propuesta con una inequívoca invocación europeísta, al afirmar que si se cumplían los requisitos previamente expuestos por él, “entonces volverá a ser la Universidad lo que fue en su hora mejor: un principio promotor de la historia europea”.
    Pues bien, en otra página el filósofo escribe que la enseñanza superior aparece integrada por estas tres funciones: Transmisión de la cultura; enseñanza de las profesiones; e investigación y educación de nuevos científicos. Pero más adelante, en el capítulo titulado “Cultura y ciencia”, Ortega justifica el porqué de la preeminencia que entre las funciones de la Universidad le ha dado a la difusión de la cultura: porque estaba convencido de la importancia histórica que tenía devolver a la Universidad su tarea central de ‘ilustración’ de la humanidad, de enseñarnos la plena cultura de nuestro tiempo. Para él, cultura era el sistema de ideas desde las cuales cada época o momento histórico vive.
    Resulta plausible que de las tres misiones mencionadas por Ortega y por el documento ministerial, dos coincidan exactamente: la formación profesional, y la investigación científica. Pero, cuando menos nos sorprende que la misión primordial del maestro, la transmisión de la cultura, desaparezca a favor de la transferencia de conocimiento y tecnología.
    La inclusión de esta última función está más que justificada y nadie se opondría hoy a ella. Sería una triste paradoja que en la “Sociedad del conocimiento” hacia la que nos encaminamos, las Universidades, que son auténticas “factorías de conocimiento”, quedasen al margen, ensimismadas, sin transmitirlo a la Sociedad para enriquecerla (no solo materialmente). Pero, ¿por qué suprimir tan drástica e injustificadamente la transmisión también de la cultura? Bien entendido que, a estos efectos, hoy todos concordamos también en la suma irrenunciable de lo que Lord Snow denominaba “las dos culturas”: la humanística y la científica. Esa cultura integradora, que nos ayudará orteguianamente a entender nuestra sociedad y nuestro siglo XXI, tiene igualmente en las Universidades un cultivo incomparable al que se le pueda dar en otros ámbitos, y sería un despilfarro que se renunciara a transferirlo al mismo tiempo que la tecnología. Si lo uno redundará en el enriquecimiento económico de la sociedad, lo otro producirá el mismo beneficio en términos de riqueza inmaterial, pero no por ello menos apreciable.
    En suma: sería muy oportuno que desde las instancias pertinentes y en foros iberoamericanos como el que ahora nos convoca se confirmara y defendiera públicamente que las misiones de la Universidad ya no son tres, sino cuatro. Las que Ortega formuló y la nueva que el desarrollo de la Sociedad del conocimiento demanda.

    DARÍO VILLANUEVA, exrector de la USC

  3.  
    Dr. Jorge Gutiérrez Villarreal dijo:

    En el siglo que inicia se está desarrollando un modelo de organización colaborativa a la que llamamos Sociedad del Conocimiento, nuestro objetivo, como instituciones de educación superior, debe ser posicionarnos en ella; en consecuencia, es necesario comprender en todas sus implicaciones que el activo fundamental es el saber, el conocimiento aplicado a los diversos aspectos de la realidad para ofrecer soluciones a problemas concretos y para ampliar el horizonte de la acción humana.

    No se trata de un bien tangible a la manera de un objeto susceptible de ser comprado o vendido; por el contrario, el conocimiento es lo que nos permite crear, innovar, gestionar, administrar, es decir, llevar a cabo acciones que hagan posible potenciarlo, desarrollarlo, conservarlo, aumentarlo y difundirlo; actualmente, en el entorno globalizado que vivimos, el conocimiento está ampliamente reconocido como un factor irremplazable para el crecimiento personal social.

    En algunos medios, la gestión del conocimiento es algo nuevo e incluso futurista, sin embargo, el interés por estudiar este cambio de paradigma data de por lo menos una década atrás. En la actualidad la gestión del conocimiento es un término generalmente aceptado que define el proceso y los sistemas que hacen posible obtener, almacenar, organizar, mantener, procesar y difundir el conocimiento de una organización, institución o sociedad, con objeto de acumularlo y potenciarlo para utilizarlo y obtener beneficios que en definitiva impacten significativamente nuestras vidas.

    Universalmente, la educación y la cooperación educativa para el desarrollo y fortalecimiento de sociedades estables, pacíficas y democráticas se consideran relevantes e interdependientes. En consecuencia, es deber de las universidades consolidar y desarrollar las dimensiones intelectuales, culturales, sociales y técnicas de nuestro entorno a fin de propiciar entre académicos y alumnos espacios incluyentes y colaborativos en provecho de todos.

    En las primicias de este siglo XXI, estamos viviendo un tiempo de cambios para las condiciones educativas y laborales; una diversificación del curso en la configuración de la currícula de las carreras profesionales y de las áreas de oportunidad, en el que la educación como forma natural de acceso al conocimiento y la formación para la vida y el trabajo devienen en obligación evidente.

    Como directivos y colaboradores de las instituciones de educación superior, debemos a nuestros alumnos y a la sociedad una oferta de formación que incluya las mejores oportunidades de conocimiento, para que cada estudiante busque y encuentre su propio ámbito de excelencia.

    Este proceso de formación que hace del acceso al conocimiento el elemento decisivo, nos muestra, entre otros factores, que al parecer está emergiendo un sistema compuesto de dos ciclos universitarios: uno básico o de carrera y otro de profundización en un área específica de conocimiento al que genéricamente hemos dado el nombre de posgrado, y precisamente estos estudios son los que servirán de referencia para establecer las comparaciones y equivalencias internacionales y mundiales.

    Para las instituciones de educación superior, la innovación y trasferencia del conocimiento son parte de su actividad y tarea sustantiva, en consecuencia, la adopción de sistemas fácilmente comprensibles y comparables permite transitar del deseo a los hechos en materia de trasferencias de conocimientos, para promocionar el empleo y la ocupación, en su área, de nuestros egresados, y de este modo contribuir significativamente a cerrar el círculo colaborativo universidad-empresa, de manera que la competitividad de nuestros egresados sea el factor que determine su éxito laboral y la calidad del servicio que prestan a la sociedad.

    Similar a lo que sucede a una persona, cuando una organización acumula cierta cantidad de conocimiento parece lógico que trate de compartirlo e impartirlo, pues de esta forma obtendrá rendimientos económicos, sociales, profesionales, de manera que la propia sociedad la valora como referente en su dominio de excelencia, haciendo realidad, al mismo tiempo, que las organizaciones, como las personas, cuando transfieren sus conocimientos aumentan el propio, se retroalimentan. En consecuencia, es necesario transmitirlo para propiciar el desarrollo socioeconómico y, en definitiva, mejorar la calidad de vida de las personas.

    Muchas gracias.

  4.  
    Juan Antonio Zufiria dijo:

    Creo que la visión que aporta este interesante análisis situando a la innovación como el resultado de la eficacia de un ecosistema integrado es muy valiosa y oportuna. En una sociedad como la actual, donde la crisis no hace sino acentuar la necesidad de innovar más y más profundamente, es simplemente imposible lograr ese objetivo sin la colaboración abierta, interdisciplinar y multidireccional de todos los componentes del ecosistema. Sin duda, hay que intensificar los procesos de colaboración que hagan mucho más permeable, flexible e interrelacionado el sistema. En IBM, por ejemplo, hemos creado, como parte abierta de nuestro sistema de investigación e innovación, una figura llamada “collaboratory”, término nacido de la unión entre colaboración y laboratorio. Un collaboratory es un laboratorio donde un equipo de investigadores de IBM colabora como un solo equipo con miembros de una universidad y de otras agencias de investigación pública y privada en el desarrollo de un objetivo investigador común. En estos centros se comparte la inversión necesaria entre los distintos miembros participantes y los resultados finales de la investigación pueden ser utilizados por cada socio en aquellas áreas que sean de su interés o entren en su ámbito de competencia. Hay muchos factores a considerar para lograr que el ecosistema innovador funcione adecuadamente. Entre todos ellos me gustaría resultar la necesidad de fomentar el espíritu emprendedor, algo especialmente necesario en un país como España. Es un enorme reto, pero, al mismo tiempo, una enorme oportunidad.

    Juan Antonio Zufiria, presidente de IBM España, Portugal, Grecia e Israel

  5.  
    Eva López - Programa Woman Emprende dijo:

    Nos gustaría introducir en este debate un tema necesario: las empresas spin-off promovidas por mujeres
    La Universidad de Santiago (USC) puso en marcha, a finales del 2006, el programa Woman Emprende, destinado a impulsar la creación de empresas promovidas por mujeres. En el marco de este programa, los días 23 y 24 de octubre del 2008 se celebró en Santiago el “I Emporium Woman Emprende”, donde se reunieron a los principales agentes que trabajan por fomentar el emprendimiento femenino universitario en España. La finalidad de este encuentro fue la de crear una red que apoye y potencie la participación de la mujer en este ámbito a escala nacional, europea y también iberoamericana.
    El objetivo de este encuentro y que nos gustaría trasladar al que ahora están organizando, fue promover el emprendimiento femenino en el ámbito universitario, apostando por la creación de empresas sostenibles y socialmente responsables. El I Emporium Woman Emprende fue una oportunidad para que las universidades que apuestan por el emprendimiento universitario pudiesen analizar y reflexionar sobre los temas y las problemáticas que afectan a las empresas creadas en el entorno de las universidades y promovidas por mujeres”.
    Esta iniciativa se enmarca dentro del programa de creación de empresas de la Universidad de Santiago -Uniemprende-, dirigido por Carlos Hernández Sande y que ya tiene una trayectoria de diez años. Con Woman Emprende se pretende dar un impulso para apoyar a las mujeres emprendedoras de la comunidad universitaria, y así incrementar el número de empresas con sello femenino.
    Woman Emprende surge al analizar el potencial emprendedor femenino que existe tanto en las aulas como en el ámbito de la investigación. A través de esta iniciativa se les ofrece a las emprendedoras una serie de herramientas que les permiten dar los primeros pasos para iniciarse en la actividad empresarial. También se les proporciona información de calidad y actualizada y apoyo, al tiempo que se desarrollan actividades y se acompaña a cada uno de los proyectos desde el inicio hasta el desarrollo real de la actividad en el mercado.
    Nos gustaría aprovechar esta oportunidad que brinda este encuentro entre universidades para presentar la Red Woman Emprende cuya finalidad es encontrar economías de escala y éxito en las estrategias llevadas a cabo por los programas de creación de empresas de las universidades españolas e iberoamericanas. Así, el papel de la red será observar la tendencia de los proyectos empresariales femeninos para apoyarlos, asesorarlos y financiarlos
    La Red Woman Emprende pretende convertirse en un foro de encuentro a escala nacional entre las mujeres que trabajan en la creación de empresas dentro de las universidades y las propias emprendedoras, con el fin de ofrecerles un asesoramiento de mayor calidad. Por otro lado, se busca incrementar el número de mujeres que se lanzan a la puesta en marcha de un negocio empresarial.
    A través de la red se abordarán proyectos de gran envergadura que potencien la participación de la mujer en el emprendimiento universitario español, europeo e iberoamericano. Esta plataforma está abierta a todos los agentes sociales que asesoran y apoyan la creación de empresas y consideren que el emprendimiento femenino se debe tratar de forma específica.
    Las principales líneas de actuación de esta plataforma serán, en primer lugar, la promoción de la cultura de empresas femeninas tanto en España como en Europa e Iberoamérica. A través de ella se desarrollarán programas de formación dirigidos a mujeres emprendedoras, se pondrán en marcha instrumentos y programas de ayuda a la creación de empresas y también se trabajará por la creación de fondos de financiación de capital riesgo específicos para las empresarias.

  6.  
    Marcos Paz dijo:

    En relación con la excelente ponencia formulada por Adelaida de la Calle, entorno a la Tercera o Cuarta Misión (como se apunta anteriormente), me gustaría aportar tres matices a este debate, quizá influenciados por mi propia actividad profesional.
    En primer lugar, en el amplio y heterogéneo universo de instituciones de educación superior de Latinoamérica, España y Portugal existen ejemplos de universidades que están ejerciendo con éxito la tercera misión en su gestión diaria. También es sobradamente conocido que muchos de los agentes que están englobados dentro de mundo académico no se sienten llamados, por múltiples razones, a adoptar un papel central dentro del sistema de I+D. ¿No sería útil e importante, sin olvidar las externalidades positivas para la sociedad de la aplicación de este modelo, enfatizar los beneficios y ventajas concretos de la aplicación de la función de transferencia de conocimiento para la gestión y funcionamiento interno de cada universidad?

    En segundo lugar, no cabe duda que el primer paso para incorporar la tercera misión a las universidades iberoamericanas es adoptar la voluntad y determinar ese propósito. Sin embargo, en un entorno de recursos escasos y de necesidad de establecer prioridades, ¿estamos dispuestos a destinar esfuerzos para revertir ciertas inercias existentes?¿Estamos dispuestos, en una época como la actual, a redirigir recursos, apostando por el campo de la transferencia de conocimiento? Existen ejemplos claros y visibles de instituciones que respondieron afirmativamente a estas preguntas, pero no convendría, bajo mi punto de vista, lanzarse a esta empresa sin valorar estas cuestiones.

    Y, por último, asumido el diagnóstico estratégico vinculado a la necesidad de que la universidad asuma su papel central en el ecosistema de la innovación, adquirida la voluntad y establecidas las propuestas estratégicas, ¿no sería conveniente, ya a nivel táctico, por decirlo de alguna forma, aportar soluciones a ciertas barreras y obstáculos a los que se enfrenta la universidad a la hora de aplicar la tercera misión, como puede ser la valorización de los resultados de investigación o la financiación de iniciativas tecnológicas innovadoras, de forma que se optimizase el impacto del mundo científico en el sistema de I+D?

    Marcos Paz
    Inberso
    Universidad de Santiago de Compostela (España)

  7.  
    Andres Pedreño dijo:

    Muy querida amiga y rectora Adelaida

    Mganífica ponencia que en definitiva, pone en la mesa la vigencia de las exigencias del nuevo modelo económico, basado en el conocimiento y en que como bien señalas las instituciones de educación superior deberían desempeñar un papel fundamental “produciendo, transmitiendo y difundiendo el conocimiento a la sociedad, generando nuevas ideas, formando al personal científico y técnico, y transfiriendo los resultados de la investigación al tejido productivo”. Algo que además viene impuesto por las exigencias de la globalización y duro marco competitivo que cada vez se acentúa más con la beligerancia de países como China, India, etc. inteligentemente beligerantes en Ciencia y Tecgnología.

    Me uno aldeseo que expresas de que en este nuevo escenario se otorgue a la Universidad “un papel mucho más activo en la sociedad, convirtiéndola en principal impulsora del proceso de cambios y en motor del desarrollo económico, social y cultural” (al repecto me sumo a la consideración procedente de nuestro común amigo Darío Villanueva).

    También considero muy importante que señales los desajustes entre la universidad y la empresa. Sólo partiendo de la realidad actual y muy concretamente de los factores que señalas y su superación podrá avanzarse en términos del objetivo que mencionaba al principio. Esto es, la aportación relevante de las universidades a sus respectivos países en términos de innovación competitiva para las empresas. Y atmbién de la toma de conciencia de lo que es evidente y también destacas: “en el espacio económico europeo a la denominada paradoja europea, en la cual niveles excelentes de resultados científicos provocan escasas innovaciones tecnológicas”

    Permíteme que señale algunas reflexiones producto de tu sugerente exposición sobre el tema:

    1. Quizás un primer aspecto a señalar es la necesidad de convertir nuestros entorno de investigación en auténticos ecosistemas de innovación. Sin universidades competitivas internacionalmente, emprendedores, talento, redes profesionales, capital riesgo, entornos adecuados, dificilmente podrán obtenerse los resultados esperados. Creo que la evidencia internacional es lo suficientemente clara como para convencerse que los componentes de los denominados “ecosistemas de innovación” son absolutamente imprescindibles…
    2. Medidas, incentivos, regulaciones que incrementen las relaciones universidad -empresa en materia de innovación. hay que crear una nueva cultura en las relaciones universidad -empresa. Necesitamos universitarios que conozcan la realidad de las empresas y empresas que conozcan el potencial de las universidades y esto en una masa crítica relevante.
    3. La innovación abierta y las Nuevas Tecnologías tienen que desempeñar un papel muy relevante en el nuevo escenario de los próximos años… Creo que hay buenas practicas que nos están marcando una dirección ineludible. Muy ligado a esto está la necesidad de afrontar cambios en los conceptos de propiedad intelectual…
    4. El fortalecimiento de las redes profesionales interuniversitarias es crucial, tal como han puesto de relieve los ecosistemas de innovación de referencia internacional. Al respecto las TIC pueden ser cruciales. Especialmente las nuevas herramientas 2.0 y la web social.

    Enhorabuena por la ponecia, que me deja con deseos de entrar en muchos temas. Un saludo.

    Andrés Pedreño
    Instituto de Economía Internacional
    Universidad de Alicante

  8.  
    Fernando Albericio dijo:

    Innovación y Transferencia del Conocimiento

    Después de analizar la ponencia de la Rectora de la Calle y los comentarios de los demás rectores y colegas se puede afirmar que existe un completo consenso sobre la nueva misión de la universidad, que en muchos de nuestros países es la tercera, y que tiene como objetivo fundamental la de transferir el conocimiento y la tecnología generado en la universidad a la sociedad.

    Si tomamos como motivo-conductor de la ponencia y de los comentarios, la frase: “Investigar para Avanzar, Innovar para cambiar la Sociedad”, queda claro que es la investigación quien debe ser el motor de este cambio paradigmático de la Universidad. Y la investigación universitaria debe desarrollarse a partir de los estudios graduados o sea del tercer ciclo. Nuestras universidades deben hacer un esfuerzo organizativo y económico importante para adoptar un tercer ciclo -maestrías, pero principalmente doctorados- que permita a la vez la formación de investigadores que puedan ser transferidos al sector privado, y de unos resultados de investigación que puedan ser transferidos en forma de licencias, patentes y creación de empresas tipo spin-off a la sociedad. Formar profesionales para la investigación privada y crear resultados que puedan hacer que nuestras universidades puedan convertirse en motores económicos de los países es el gran reto de la universidad del siglo XXI.

    Las universidades europeas tenemos la posibilidad de que la adaptación al espacio europeo de enseñanza e investigación (plan Bolonia) nos permita iniciar programas de investigación transversales, que nos aleje de las reminiscencias tradicionales de algunas de nuestras estructuras universitarias y que nos acerque a las necesidades reales de la sociedad de este siglo. Aunque lo óptimo sería la creación de nuevos institutos de investigación transversal, si esto no es posible debemos aprender a trabajar en red para que nuestra investigación multiplique y no únicamente sume. Esta investigación en red dirigida por objetivos debe también servir para encontrar puntos de contacto entres las universidades iberoamericanas, para crear sinergias, que permitan fortalecer las investigación y la transferencia de nuestras universidades.

    ¿Qué peligros tenemos? El principal peligro es el de desperdiciar capital humano, no podemos permitirnos que colegas universitarios se sienten fuera de esta nueva universidad, no podemos crear divisiones. Para ello tendríamos que olvidarnos de definiciones como “investigación básica” versus “investigación aplicada”. Hablemos en su lugar de “investigación preliminar (en la cadena de valor)” y “investigación transformadora”, como aquella que puede dar lugar tanto a una revolución en campos ya existentes, como a nuevos productos que lleguen al mercado. No hablemos de que únicamente la investigación en ciencias experimentales y biomédicas e ingenierías pueden participar en esta nueva misión, sino que incorporemos a los investigadores de ciencias humanas, sociales y de la educación tanto en proyectos totalmente transversales como en la creación de empresas de base universitaria.

    ¿Qué necesitamos? Necesitamos nuevos instrumentos. Ya hemos hablado de la necesidad de nuevos institutos, en red o no, de investigación transversal, pero también de incubadoras, de otras unidades facilitadoras de la transferencia, y de espacios.

    Se necesitan espacios adecuados para transformar la idea de investigación en proyecto de empresas y posteriormente modelar esa empresa en un entorno permisivo que le permita, en un estado inicial, diseñar, validar, y desarrollar un modelo de negocio adecuado. Las incubadoras de empresas han de estar ubicadas en parques científicos y su objetivo principal es facilitar un espacio de calidad para el nacimiento de nuevas empresas basadas en el conocimiento, proporcionando infraestructuras cientificotecnológicos de soporte, así como servicios de gestión empresarial y soporte financiero.

    Hace unos años nuestras universidades crearon las OTRIs (Oficinas de Transferencia de los Resultados de la Investigación), pero ahora necesitamos dar un paso más y debemos crear las Agencias de Valorización y Comercialización de los Resultados de Investigación (AVCRIs). Estas unidades deben situarse a ser posible afuera de la estructura organizativa de las universidades y, posiblemente, fuera de la propia universidad. Ya que por un lado han de tener una flexibilidad, que muchas veces carece la propia universidad, que le permitan afrontar eficazmente los nuevos retos. Por otro lado, la gestión del patrimonio industrial e intelectual requiere el concurso de profesionales de las ramas jurídicas, económicas, comerciales, que complemente a los expertos científicos y en mercadeo. Por lo tanto, la existencia de una masa crítica es fundamental. Así, deberíamos crear AVCRIs que pudieran dar servicio a diferentes universidades y que actuasen en red conjuntamente con otras agencias.

    Todo esto nos lleva a la necesidad de nuevos espacios para acoger estas nuevas unidades y, al mismo tiempo, acercar la universidad a la empresa, para encontrar un idioma común entre universidad y empresa. Durante la última década, muchas universidades iberoamericanas han procedido a crear Parques Científicos. Éstos tienen como misión crear un marco adecuado para la creación de sinergias entre investigación pública y la empresa, que facilite la transferencia de conocimiento y de tecnología, que favorezca el retorno económico mediante una comercialización moderna del conocimiento, y favorezca la competitividad empresarial y la creación de empresas de base universitaria.

    Globalmente, los parques tienen como función principal participar activamente como uno de los agentes de la nueva economía del conocimiento, con el objetivo de transformar la investigación preliminar en innovación tecnológica, crecimiento económico y bienestar social. Con todo ello, se aumentará las posibilidades de transformación social y mejorará la competitividad económica internacional de nuestros países.

    Los parques científicos aportan unas ventajas endógenas a las universidades

    • Dar mayor visibilidad a la Universidad
    • Transmitir el espíritu emprendedor a los estudiantes
    • Implementar los conceptos de riesgo y fracaso en la vida universitaria
    • Influir en la investigación académica
    • Desarrollar nuevos proyectos de investigación
    • Crear puestos de trabajo para los graduados universitarios.
    • Magnetizar a los mejores estudiantes
    • Generar recursos económicos para la Universidad

    y también ventajas exógenas

    • Desarrollar el entorno a base de conocimiento
    • Crear nuevos puestos de trabajo
    • Ayudar a las empresas a ir y a permanecer en las fronteras del conocimiento
    • Aumentar la competitividad de las empresas a través del valor añadido del conocimiento
    • Aumentar la investigación contractual para las empresas del entorno
    • Crear sinergias
    • Atraer profesionales cualificados. Equilibrar la balanza de “cerebros”

    Por último, necesitamos herramientas transversales que sirvan para unir esfuerzos y crear sinergias dentro de las universidades iberoamericanas, tales como la reciente creada RedEmprendia.

    El objetivo fundacional de la Red es hacer de la tercera misión de la Universidad
    un eje de actuación estratégico en Iberoamérica en el campo de la economía del conocimiento y del pensamiento, mediante la creación de un tejido empresarial a partir de los resultados de I+D universitaria. Todas las acciones de la RedEmprendia se enmarcan dentro del emprendimiento responsable, comprometido con la sostenibilidad y el progreso social, medio-ambiental y económico de los pueblos

  9.  
    Patricia Guerrero dijo:

    En primer lugar agradecerles por este debate de actualidad. Tanto la ponencia de la Sra. Rectora como de las personas que han aportado permiten confirmar que este no es un tema resuelto, a pesar de documentos muy valiosos que existen al respecto. La relación que debe facilitarse entre los actores del sistema, y el ecosistema de innovación universitaria, son extremadamente complejos de organizar, pero necesarios para que haya innovación. Como directora de una otri universitaria, que además lidera y apoya lo que podría considerarse una interfaz empresarial, como es el comité U-E-E de la región, en la cual no coexisten todavia todos los componentes de un sistema de innovación regional, la demanda que se hace a la universidad (especialmente desde el sector empresarial) para que sea la institución “remediadora” del sistema, puede representar una carga que excede las funciones que puede tener la otri.
    Adicional a este comentario tengo una pregunta: dentro del subsistema universitario, hay posibilidad de hablar de “un sistema de innovación”? personalmente creo que NO. Para hablar de innovación se deben incluir otros actores que no están en la universidad, como son las empresas que pueden comercializar o poner a producir los desarrollos, claro que por otro lado podría pensar que si se tienen políticas de spin off, entonces estarían también las entidades que completan el circulo de innovación. Bueno, les agradezco y estaré pendiente de sus comentarios.
    cordialmente,
    Patricia Guerrero

  10.  
    Pablo Varela Server dijo:

    Coincido con Adelaida y también con los comentarios que ha suscitado. Precisamente en la línea de estos últimos considero que la ponente se ha quedado corta, es decir que la innovación abarca mucho más y que la sociedad incluye y desborda empresarios y mercado.
    Ya es un tópico decir que estamos en un cambio, del inicio de un giro de goznes de puerta o de mucho más en imagen, del cual y en el cual lógicamente no sabemos hasta dónde llegará nuestra humanidad. Y ahí vinen de nuevo las clásicas preguntas de innovación y transferencia para qué sociedad y para qué perfil de hombre (incluyente desde luego). Sin innovación no hay humanidad.
    Como en conversación reciente con D. Enrique Iglesias, también hace falta (y no sólo) filosofía, pensar.
    En fin, comencemos y no es poco, con lo que Adelaida nos expone.

  11.  
    Ing. Rodrigo Guerra Botello dijo:

    Después de leer la ponencia que la Rectora Adelaida de la Calle comparte en este blog, uno se queda pensando en el rol de las universidades y en la importancia de participación real y efectiva en la sociedad. En mi opinión, este panorama que nos ofrece sobre los retos del futuro obliga a las Universidades socialmente responsables, a repensar y ajustar misiones, visiones, modelos educativos, contenidos curriculares, estrategias de vinculación, técnicas de enseñanza y perfil de los maestros; estamos pues en tiempos diferentes ante una verdadera necesidad de reinventarnos para seguir cumpliendo bien con la tarea educativa, especialmente si queremos que nuestros egresados tengan una buena oportunidad de realizar sus futuros planes de vida a través de su desarrollo profesional en México o en los países de las instituciones que representamos.
    En esas condiciones, las Instituciones de Educación Superior deberemos de estar mejor preparadas para entender y responder correcta y oportunamente a las cambiantes necesidades de educación y capacitación de la sociedad; por lo anterior una Universidad “renovada” debería considerar entre, otras cosas, lo siguiente:
    1.- Ofrecer alternativas educativas de alta calidad y pertinencia a la sociedad en respuesta a sus necesidades, tanto para jóvenes como para adultos; el dialogar, escuchar y sobre todo, el hacer algo real y efectivo al respecto, es y será una creciente obligación Universitaria.
    2.- La Educación y la Capacitación en nuestros países hoy y más en el futuro cercano, deberá de estar anclada en una vinculación REAL con el Sector Productivo, más allá de los discursos.
    3.- La Educación deberá de tener una sólida base general, pero tendrá que desarrollar en los futuros profesionistas, competencias específicas según las necesidades individuales y colectivas de los sectores económicos atendidos.
    4.- En apoyo a su competitividad, las Instituciones de Educación Superior deberemos de flexibilizar cada vez más para la sociedad y sus actores, los procesos educativos, los contenidos, los tiempos, las modalidades de entrega y los enfoques de aprendizaje; la virtualidad y la aciclicidad en la Educación y su oferta a distancia, deberán de ser parte de nuestras Universidades.
    5.- Como respuesta a la Globalización, las Universidades en México deberemos de abordar en forma real y práctica, la interculturalidad de las profesiones, ofreciendo a los alumnos opciones válidas ya sean locales o en otros Países; el dominio de idiomas extranjeros por parte de alumnos y maestros, a nivel del mundo de negocios, será un requerimiento condición importante a cumplir.
    Por supuesto, el tema de la reinvención o el renacimiento de la Educación, su necesidad, la forma de abordarlo y las acciones que de esto se desprendan, constituyen un asunto complejo que sin duda genera discusión y variedad de percepciones y opiniones. Sin embargo, en la sociedad actual, deberán ser los actores sociales interesados en la Educación Superior: Padres de familia, empleadores, autoridades educativas y los propios alumnos, quienes deberán de reflexionar sobre los requerimientos que México y los países iberoamericanos tienen en cuanto a la calidad, la aplicación y el uso efectivo de su educación, en este caso de su educación universitaria, y exigir el establecimiento de programas y acciones decisivas y de calidad para lograr formar y educar ciudadanos internacionalmente competitivos

  12.  
    Dr. Mario Luis Pacheco Filella, Ing. Jorge Mercado Salas dijo:

    ¿DESPUÉS DE LA CRISIS…QUÉ?
    La peor crisis financiera desde la Gran Depresión, según la opinión de muchos, ha forzado un cambio de forma de vida en mayor o menor grado. Estamos ahora en un mundo de “nuevas normalidades”, con más apreturas de cinturón y menores ingresos o inclusive, desde un enfoque positivo, con el surgimiento de una nueva especie de gratitud básica hacia el valor de la familia, el hogar y la salud.

    A la vez, el impacto de la crisis ha traído consigo, para la persona común, la necesidad de adaptarse a una economía difícil que requiere recortar su nivel gastos día con día, otra bajar jornadas reducidas de trabajo e ingresos, posponer planes hacia el futuro y hasta tener que enfrentarse al des-empleo. Para otros, la crisis ha significado sacrificar lo más posible para conservar su empresa en el mercado.

    Por otra parte, ahí están quienes afirman que, después de haber pasado crisis tras crisis, ya llegaron a un punto en el que es preciso asumir riesgos, de tal manera que, en lugar de buscar un nuevo trabajo, se orientan al desarrollo de sus fortalezas para ampliar horizontes como emprendedores o deciden retomar sueños abandonados en el pasado e inician su propio negocio.

    Finalmente, si consideramos los pronósticos de los expertos, e inclusive el discurso de los líderes de las naciones, se afirma que a más tardar en dieciocho meses se habrá superado la crisis o resaltan que la recuperación ha iniciado.

    Todo ello suele interpretarse como afirmaciones que más bien pretenden aliviar los sentimientos de angustia e incertidumbre, o el planteamiento de buenos deseos y estimados más que de realidades.

    Lo cierto es que el mundo necesita una operación de rescate y que este mismo mundo será diferente al anterior a la crisis. Y los rescates sólo tienen éxito si se logran con visiones, estrategias y acciones compartidas. Y, además, compartidas por todos: personas, instituciones y gobiernos; porque, a fin de cuentas, son las ideas y no los intereses lo esencial -¿lo peligroso?- para bien o para mal.
    Podemos argumentar si esto es siempre cierto, pero la verdad parece imponerse en nuestra situación de crisis: “no hay comida gratuita” o “there is no free lunch”, según la frase popular. Esto significa que hay recursos limitados, que para tener algo de más es necesario aceptar algo de menos, que no hay mejora sin dolor y genuina responsabilidad social.

    Es por ello que la depresión económica y su impacto deben ser el estudio de situaciones donde puede llegar un “sí hay comida gratuita”, con tan sólo atreverse a crear e innovar nuevas opciones para después de la crisis; porque estemos convencidos de que todavía hay valiosos recursos naturales, humanos, tecnológicos que podemos poner a trabajar. El problema de la crisis, por tanto, no es de recursos, sino de comprensión.

    Sin embargo, no alcanzaremos la comprensión que necesitamos, a no ser que estemos dispuestos a pensar con claridad acerca de los problemas de manera conjunta, siempre y cuando estemos dispuestos a pagar el precio de seguir las soluciones hasta donde nos conduzcan.

    Algunas personas afirman que los problemas económicos son estructurales y sin cura inmediata disponible. Otros pensamos que los únicos problemas importantes estructurales que se oponen a la prosperidad del mundo son las ideas obsoletas y la resistencia de las mentes.

    La recuperación ya se empezó a dar. Hay signos alentadores que las empresas y la actividad económica están mejorando, no por igual en todos los campos ni a todos los niveles, pero con estadísticas crecientes que en ocasiones sorprenden por los brincos que registran en diferentes ámbitos.

    Sin embargo, la gran pregunta es ¿Qué estamos haciendo diferente las universidades para emerger de la crisis, diferentes, fortalecidos, con nuevos productos y enfoques, con nuevo conocimiento y nuevos aprendizajes derivados del gran tropiezo?

    Ojalá reflexionemos sobre que hicimos mal, que hicimos bien y sobre todo que necesitamos cambiar y mejorar para verdaderamente contribuir con soluciones de peso en el papel que la sociedad nos ha encomendado. Las grandes crisis requieren nuevas y diferentes soluciones, ¿cuál será la solución educativa diferente que propondremos las universidades para la educación superior? ¿Tenemos o estamos pensando en algo?

    Dr. Mario Luis Pacheco Filella
    Ing. Jorge Mercado Salas
    División de Investigación
    Universidad Regiomontana

  13.  
    Guillermo Calleja dijo:

    TRANSFERENCIA DE TECNOLOGIA:
    EL RETO PENDIENTE

    Tecnología y sociedad

    La dependencia tecnológica es, junto con la dependencia energética, un problema que limita extraordinariamente el desarrollo económico y social de los países, y que llega a ser incluso responsable del déficit comercial de los mismos. Lo peor es probablemente la dependencia que se llega a tener del exterior en muchas de las actividades industriales, pues las empresas dependen de conocimientos que no controlan y que, a menudo, limitan su competitividad.

    España, y en general, también Europa, son deficitarias en tecnología pues, a pesar de tener un destacado desarrollo científico, no se puede decir lo mismo en lo relativo a la innovación tecnológica. Es lo que de forma clara e irónica exponía un economista estadounidense al decir: “EEUU es especialista en convertir investigación en dólares, en cambio Europa lo es en convertir dólares en investigación”

    La sociedad post-industrial ha comprendido que la solución para su desarrollo sostenido no pasa tanto por modelos de optimización de los procesos productivos y de sus sistemas de distribución, aunque éstos sean muy importantes, sino más bien por su posibilidad de hacer frente a la necesidad social de una demanda global de nuevos productos y servicios con una cadencia cada vez más alta. Nuestra sociedad precisa de medios que hagan posible la satisfacción de esta demanda y estos medios tienen un nombre: INNOVACIÓN TECNOLOGICA.

    La ciencia y la tecnología ya no pertenecen sólo a los dominios de los centros de conocimiento, de las universidades. La ciencia y la tecnología son en la actualidad, elementos esenciales para el desarrollo de las sociedades más avanzadas, como medio para superar los desafíos resultantes de los cambios continuos expuestos, y son herramientas conocidas y utilizadas también por las empresas.

    Las empresas, grandes y pequeñas, tienen capacidad para adaptar los avances del conocimiento y convertirlos en innovaciones destinadas al mercado. Y será el mercado, en último termino, el juez que, con sus resultados económicos, apruebe o rechace las políticas tecnológicas de un país. Aquellas empresas y aquellos países que no sean capaces de proceder a esta transferencia tecnológica tendrán que ser rehenes de patentes de terceros que, no sólo encarecerán sus productos, sino que les harán seguir siendo dependientes de estrategias ajenas.

    Así pues, la innovación basada en la ciencia y la tecnología es un generador formidable de crecimiento económico, de desarrollo social y de creación de puestos de trabajo. Es por lo que las naciones modernas, además de mostrar interés en la promoción y desarrollo de la investigación científica y técnica, dedican una atención prioritaria a la promoción de la innovación tecnológica como una actividad prioritaria dentro de sus políticas socioeconómicas.

    Hoy, la Universidad es consciente de que puede y debe jugar un papel decisivo en el desarrollo tecnológico del país y que por tanto, además de su vocación docente y formativa, debe desarrollar una vocación de servicio social. Es decir, debe esforzarse en transferir el resultado de su investigación a las empresas, para que éstas desarrollen productos y servicios competitivos en el mercado. Hoy, la transferencia de tecnología debe ser un elemento fundamental de toda política universitaria. Y esto requiere, entre otras cosas y como paso previo, un cambio de mentalidad.

    Los enormes costes que suponen las investigaciones punteras obligan a que la “Ciencia” tenga que explicar a la sociedad qué beneficios se obtendrán de sus esfuerzos científicos (el estudio del genoma se justifica por la curación futura de enfermedades la investigación sobre combustibles limpios –como el biodiesel- se justifica por la reducción de las emisiones de dióxido de carbono y del efecto invernadero que provocan, la investigación en fusión nuclear por la fuente poderosa, limpia e inagotable de energía, etc.). Así, cada vez más, las necesidades de la sociedad marcan el rumbo del avance científico y del desarrollo tecnológico. Esto no quiere decir que se vaya hacia un intervencionismo en la ciencia; no se trata de imponer líneas de investigación básica, sino de establecer una correspondencia entre este nivel y los siguientes.

    Es cierto que no hay ciencia aplicada sin ciencia que aplicar, y que por tanto la ciencia básica es fundamental. La investigación básica, eslabón inicial de la I+D+i, es pieza clave que debe cuidarse, aunque su visibilidad y rendimiento a corto-medio plazo no sea evidente (como tampoco es visible el plancton marino, base sin embargo de toda la compleja cadena de la biología y vida oceánica y en consecuencia, de la vida en el planeta). Pero no es menos cierto que hoy, la aplicación de los conocimientos científicos a la resolución de los problemas de la sociedad es una exigencia, a veces de primera necesidad.

    Las universidades españolas, y sin duda también las universidades latinoamericanas, tienen ante sí el reto y la necesidad de adaptarse a una situación de competitividad y mejora de la calidad, de cuyo éxito dependerá en gran medida su futuro. Entre los puntos débiles tradicionales, destaca por su relevancia la escasa o poco efectiva colaboración con el sector productivo, particularmente empresas públicas y privadas de los distintos ámbitos industriales.

    Es cierto que existen notables excepciones, especialmente en algunas áreas de la Ingeniería, pero no dejan de ser minoritarias y poco representativas de la situación general. Es preciso, en cualquier caso, estimular esta cooperación de forma efectiva, mediante objetivos claros y fórmulas bien definidas, tratando de buscar nuevas vías que aporten incentivos a las dos partes.

    El sistema actual de innovación ciencia-tecnología-empresa, es aún débil en cada uno de sus componentes. A la visión científica, a menudo enfocada en los aspectos más esenciales del conocimiento científico, alejada, demasiadas veces de una posible aplicación industrial, le siguen necesariamente unos desarrollos pobres y, con frecuencia, soportados por patentes extranjeras.

    Por otra parte, tampoco las empresas, en general, han visto en la I+D una forma clara de incrementar su competitividad. Muchas siguen viviendo del pasado, sin comprender que el mercado ya no es sólo español, sino global y sin barreras, en el que sólo las empresas más competitivas lograrán abrirse paso. Sólo las grandes empresas con un sólido sistema propio de I+D están en este grupo; para el resto, su supervivencia está en juego.

    Como consecuencia de lo anterior, y ante la falta de negocio, es frecuente que los agentes inversores, bancos, sociedades de inversión, de capital riesgo… no presten la debida atención a la I+D, llegando, como mucho, a invertir en “compañías prometedoras” más que en “desarrollos prometedores”, con la consiguiente desconfianza de los empresarios.

    Transferencia de tecnología e innovación: modelos de colaboración

    La forma de superar esta situación es, obviamente, actuando sobre los tres elementos del sistema: ciencia-tecnología-empresa, compartiendo objetivos, recursos y resultados de manera que el sistema actúe coordinando y compatibilizando los dos extremos: la oferta tecnológica de la Universidad y Centros de Investigación y la demanda tecnológica de las empresas, compartiendo la Universidad con las empresas los beneficios de esta explotación científico- tecnológica, que potencie los departamentos investigadores, con lo que aumentará su eficacia, consiguiendo a la vez que las empresas mejoren su competitividad y su rentabilidad.

    A estos efectos, no hay que olvidar que, como cualquier otro producto, la tecnología necesita de un Marketing Tecnológico y de un plan comercial, por lo que un elemento importante ha de ser la intermediación de agentes explotadores de los desarrollos tecnológicos. Además, se comprende la importancia que tiene el desarrollo de infraestructuras en las que se encuentren, desde sus inicios, las ya reseñadas oferta y demanda tecnológica, entre la Universidad y Centros tecnológicos, de un lado, y las empresas, del otro.

    La universidad tiene a su disposición una serie de fórmulas y herramientas para una fecunda colaboración con las empresas. Algunas de ellas, de acuerdo con los estudios realizados por la COTEC (www.cotec.es), son infraestructuras tecnológicas ligadas a las universidades, como por ejemplo las siguientes:

    1. Centros de Oferta para la transferencia de tecnología
    2. Centros de demanda para la difusión de la innovación tecnológica
    3. Centros de I+D ligados a Universidades con socios empresariales
    4. Parques tecnológicos
    5. Institutos de estudios avanzados en áreas científico-técnicas punteras

    1) Centros de oferta para la transferencia de tecnología

    Son los más conocidos, aunque no los únicos. Son centros, ubicados en las propias universidades cuyo objetivo es la comercialización de las tecnologías emergentes en las mismas. Entre ellos podemos destacar las oficinas de transferencia de tecnología (OTRIS), surgidas en España en 1988 por iniciativa de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología.

    2) Centros de demanda para la difusión de la innovación tecnológica

    Son pequeñas infraestructuras creadas para difundir el uso de la tecnología entre las PYMES y proporcionan asistencia técnica y gerencia personalizadas. Se distribuyen, normalmente, por todo el territorio nacional y suelen contar con el apoyo de las administraciones regionales. Su actividad suele dirigirse a empresas, generalmente PYMES de sectores maduros, poco dadas a la innovación tecnológica, a las que se proporciona ayuda en gestión, innovación tecnológica, planificación, cumplimiento de normativas, marketing, etc…

    3) Centros de I+D ligados a Universidades con socios empresariales

    Se trata de centros de I+D que universidades y Organismos Públicos de Investigación (OPI) crean, conjuntamente con empresas. Suelen contar con una cierta financiación pública en las primeras etapas de su funcionamiento. Además de realizar transferencia de tecnología, suelen impartir cursos de formación tecnológica y empresarial a sus socios, como forma de autofinanciarse. Los asociados contribuyen a esta financiación por medio de cuotas. Los modelos de este tipo de estructura los proporcionan los EEUU con sus Centros de Universidad-Empresa para la investigación cooperativa, financiados por la National Science Foundation.

    4) Parques tecnológicos

    Los Parques Tecnológicos son una forma mas reciente -al menos en España- de innovación y transferencia de tecnología desde las Universidades y OPIs a las empresas. Proporcionan las condiciones idóneas de “ambiente” y masa crítica necesaria para estimular la I+D en una cierta región, constituyendo de hecho un espacio de encuentro fértil donde la cercanía de los tres actores, científico-tecnológico-industrial, produce una atmósfera idónea para una cooperación eficaz.

    Los parques reúnen a un conjunto de empresas, agentes e individuos, colaborando en sectores y actividades determinadas y en un clima apropiado, normalmente vinculados a alguna universidad cercana, en el cual las ideas y sus posibles aplicaciones al mercado fluyen y se suceden con rapidez, provocando una reacción en cadena que facilita el retorno a la sociedad.

    Guillermo Calleja
    Catedrático de Ingeniería Química
    Universidad Rey Juan Carlos
    Madrid, Mayo 2010

  14.  
    Guillermo Calleja dijo:

    Colaboración Universidad – Empresa

    La colaboración eficaz y estable entre grupos universitarios y empresas del sector productivo requiere de una serie de factores, algunos de los cuales son indispensables o previos, y otros el resultado de la capacidad creativa y emprendedora de ambas partes.

    Los objetivos básicos de la universidad y la empresa son distintos, obviamente. Se pueden ver resumidos a continuación:

    UNIVERSIDAD
    - Educar y formar a sus estudiantes
    - Generar nuevos conocimientos mediante la investigación
    - Preservar y difundir los conocimientos existentes
    - Mantener el nivel de excelencia académica
    - Formar nuevos investigadores

    EMPRESA
    - Obtener una rentabilidad en la comercialización
    - Mantener una producción eficiente de bienes y servicios
    - Mejorar la capacidad competitiva
    - Lanzar nuevos productos al mercado
    - Aprender y desarrollar las técnicas más avanzadas, basadas en los logros de los mejores científicos e investigadores

    Pero es igualmente cierto que deben aprovecharse todas aquellas posibilidades donde exista un campo potencial de interés y beneficio mutuo entre ambos tipos de instituciones, y desde luego, lo hay.

    Así, entre los beneficios para la universidad, pueden citarse: proximidad a programas de investigación y formación orientados a las necesidades reales, mejora de la comunicación científica y educativa, diversificación y mejora de las fuentes de financiación, posible beneficio económico de la explotación de resultados de la investigación contratada (patentes, etc.), posibilidad de obtener financiación para un período más largo de tiempo con menor trabajo administrativo; incorporación más fácil de los nuevos titulados al sector productivo, etc.

    Por su parte, entre los beneficios para la empresa, cabe citar: ahorro de tiempo en la mejora del conocimiento básico, conexión estrecha con las fuentes de nuevas ideas y técnicas innovadoras, actualización de conocimientos del personal de la empresa en temas específicos en contacto con los investigadores universitarios, contribución a la formación práctica de los futuros profesionales, posibilidad de incorporar entre sus clientes a la universidad a efectos comerciales, etc.

    Aunque con cierta frecuencia sean las circunstancias externas o la oportunidad del momento las que determinan en buena medida el éxito de un proyecto ambicioso de colaboración entre universidad y empresa, en general éste es un proceso que puede planificarse, en el cual es esencial contar con algunos elementos clave, siendo algunos los siguientes:

    a) Experiencia previa en la colaboración y existencia de beneficio mutuo

    Resulta fundamental que exista una previa relación entre los equipos humanos de la universidad y la empresa, base para la confianza mutua, y que se hayan ido desarrollando anteriormente trabajos de colaboración donde dicha confianza haya quedado consolidada. El concepto de equipo o grupo de trabajo es clave, y por lo que a la Universidad respecta, éste debe ser sólido, estable (independientemente de las lógicas renovaciones periódicas), homogéneo en su funcionamiento y consciente de su responsabilidad. La figura del “maestro” y del ejemplo que transmita es determinante en este sentido.

    En la universidad debe conocerse y “hablarse” el mismo lenguaje de la empresa, es decir, saber asumir retos y plazos de ejecución, definición de objetivos, planificación y organización de tareas, evaluación de resultados etc., así como tener clara conciencia de que debe existir beneficio mutuo, para las dos partes y no para una sola. Es miope la visión de que la empresa debe aportar necesariamente fondos a la universidad de forma unilateral, a la espera de un hipotético retorno en el futuro. Sólo los grandes centros de muy reconocido prestigio, con imagen de marca propia (por ejemplo, el M.I.T en los Estados Unidos), pueden aspirar a recibir aportaciones significativas a fondo perdido para apoyar la investigación en marcha.

    b) Coincidencia temática y proximidad geográfica

    Como se ha señalado, el grupo de investigación universitario debe tener una capacidad de producción propia, en temas específicos de interés científico o tecnológico. La experiencia acumulada en estos temas y el rigor con que se abordan, son la mejor tarjeta de visita para plantear una sólida colaboración con la empresa. Es evidente que el campo científico o tecnológico en que trabaja la universidad debe resultar de interés para la empresa, y que ésta mostrará más interés por incorporar conocimientos y técnicas desarrolladas en la universidad cuanto más se acerquen a los problemas y objetivos que tiene planteados.

    Pero la universidad debe preservar su independencia, su iniciativa propia en materia de investigación, con criterio de excelencia y calidad, sabiendo rechazar aquello que la desvíe de sus objetivos prioritarios. No todo vale, no todo es investigación aplicada, ni toda propuesta debe ser necesariamente bienvenida sin mayor consideración. Y es que no es mejor la universidad que más contratos establece o mayor número de proyectos e informes realiza, sino la que selecciona los mejores contratos y desarrolla los proyectos que mejor se adaptan a sus capacidades y objetivos, con carácter competitivo, generando nuevos conocimientos de posible aplicación. En resumen, calidad frente a cantidad. Planificación frente a improvisación.

    La distancia geográfica entre el centro universitario y la empresa resulta también un factor condicionante importante, a pesar del avance de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la facilidad de desplazamiento. La conexión permanente y la coincidencia física en un mismo entorno, facilitan notablemente la relación personal y la comunicación fácil, y en consecuencia la consolidación de la confianza y el trabajo conjunto. Es el caso, por ejemplo, de los parques científicos y tecnológicos, proveedores de ese caldo de cultivo donde la interacción es fácil y creativa.

    Pero siendo esto importante, la proximidad geográfica permite además compartir posibles recursos físicos en determinados casos, evitando duplicidades innecesarias y favoreciendo el efecto sinérgico. Esto es particularmente importante cuando se da la circunstancia de que las instalaciones de ambas instituciones son de nueva creación y se desarrollan simultáneamente en el tiempo. La Universidad Rey Juan Carlos tiene buenos ejemplos al respecto en sus campus de Móstoles (área de ciencias experimentales y tecnología) y de Alcorcón (área sanitaria); en el primer caso con las nuevas instalaciones centralizadas de I+D de REPSOL, S.A. (Centro de Tecnología de Repsol, CTR, http://www.repsol.com/es_es/corporacion/conocer-repsol/innovacion-tecnologia/tecnologia-en-repsol/default.aspx) y en el segundo, con el nuevo Hospital de Alcorcón, modélico en su género (“Hospital Universitario-Fundación Alcorcón” , http://www.madrid.org/cs/Satellite?pagename=HospitalFundacionHospitalAlcorcon/Page/HALC_home)

    c) Apoyo político y administrativo y planificación estratégica previa

    Un proyecto de colaboración institucional de cierta envergadura necesita, evidentemente, el decidido apoyo de la administración correspondiente, a nivel nacional, regional o local. Los intereses de los ciudadanos son en definitiva el motor impulsor de las iniciativas de la administración, y las facilidades y apoyo que ésta puede prestar, incluida la inversión correspondiente -cuando es el caso-, resultan indispensables para el éxito de la colaboración.

    Pero lógicamente, la administración ha de asegurarse de la seriedad y rigor del proyecto, de su correcto enfoque y objetivos y de su viabilidad. Por ello, y completando los aspectos ya mencionados, la universidad y la empresa deben establecer un plan estratégico concreto, dentro de sus respectivos programas estratégicos generales, promocionando desde el principio el espíritu cooperativo y buscando como prioridad las actuaciones innovadoras.

    El modelo seguido por la Universidad Rey Juan Carlos.

    Las actuaciones de la URJC, como complemento a su actividad científica e investigadora, cubren varios de los aspectos ya comentados. Así, se creó en 2002 el “Centro para la Innovación, Transferencia de Tecnología y del Conocimiento”, CINTTEC, con objeto de gestionar y promover el desarrollo tecnológico en la URJC (www.cinttec.urjc.es). El objetivo concreto de este centro es impulsar el proceso de transferencia de ciencia y tecnología hacia los sectores productivos, dando servicios a las empresas -con especial atención a las de su entorno geográfico- y facilitando la cooperación y la implicación activa de empresas e instituciones con la Universidad, a fin de promover un óptimo aprovechamiento de los recursos científico-tecnológicos, tanto materiales como humanos, con que cuenta la URJC.

    El Plan de Marketing del CINTTEC requiere de una verdadera red en la propia Universidad, cuyos departamentos designen personas expertas, que actúen como puntos focales de esta red, colaborando con el CINTTEC, como coordinador. Este punto es esencial, ya que no se trata de hacer un catálogo de conocimientos, ni siquiera de tecnologías, sino de identificar posibles aplicaciones claras de los resultados alcanzados en los programas de investigación.

    Simultáneamente se colabora de forma estrecha con el “Centro de Enlace” de la Dirección General de Universidades de la Comunidad de Madrid, dentro del sistema “Madri+d”, colaboración que permite conocer e intercambiar información sobre oferta y demanda tecnológica en el ámbito español y europeo.

    Por otro lado, desde el CINTTEC se colabora en varios temas clave para el desarrollo tecnológico de la URJC y la transferencia de tecnología: Apoyo a los investigadores en la gestión de contratos de investigación, en la solicitud y gestión de patentes, en las iniciativas emprendedoras de ámbito empresarial, y en el desarrollo del inminente del Parque Tecnológico de Móstoles (“Móstoles Tecnológico”, http://www.mostolestecnologico.com), actualmente en fase de diseño, que tendrá una especial orientación hacia los sectores energético, ambiental y de las nuevas tecnologías de la información.

    Para terminar, y por lo que se refiere a las oportunidades de colaboración entre la URJC y el sector productivo, cabe señalar que se están desarrollando, cada vez mas, programas ambiciosos de colaboración, pues se dan prácticamente todas las circunstancias señaladas anteriormente:

    • Experiencia previa común de contratos de I+D
    • Grupos de investigación universitarios bien consolidados y de tamaño adecuado
    • Convencimiento de la existencia de beneficio mutuo
    • Criterio de excelencia y calidad en las actuaciones
    • Colaboración e intercambio de personal, participando profesionales de la empresa en la docencia de la universidad
    • Colaboración en la formación de Doctores y en la realización de proyectos fin de carrera
    • Vecindad geográfica inmejorable
    • Claro apoyo institucional de la Administración Regional (Comunidad de Madrid).

    Guillermo Calleja
    Catedrático de Ingeniería Química
    Universidad Rey Juan Carlos
    Madrid, Mayo 2010

  15.  
    Arturo Lara López dijo:

    Comentarios al documento “Análisis de un sistema de innovación”

    A continuación expongo mis comentarios al documento elabroado por la Dra. Adelaida de la Calle.

    Se afirma que en un nuevo enfoque, la Universidad “se sitúa en el corazón de la sociedad, convirtiéndola en principal impulsora del proceso de cambios y en motor del desarrollo económico social y cultural” Esta afirmación puede aceptarse como una aspiración no sólo válida sino indispensable en estos tiempos.

    En el texto, se mencionan las funciones básicas de la Universidad, llama la atención que se mencionan sólo dos: la docencia y la investigación. Falta una tercera que instituciones de gran tradición como la Universidad de Guanajuato han venido desarrollando desde hace varias décadas, y que es la extensión, la cual consiste en acercamientos o encuentros con la sociedad, no sólo para presentarle expresiones de la cultura universal si no también, la Universidad ha extendido diversos servicios de apoyo para que los sectores de la sociedad puedan acceder a conocimientos y técnicas para mejorar, por ejemplo su alimentación o realizar más eficientemente sus actividades productivas.

    En relación con la explicación que se da sobre la forma en que se integra un Sistema de innovación sería útil recurrir a las definiciones de los especialistas en el tema (Lundvall, Freeman, Nelson y Dosi), ya que ellos aportan elementos más exactos sobre los componentes de este sistema e incluso nos hablan de los sistemas nacionales o regionales de innovación que son conceptos muy útiles para construir políticas de innovación, las cuales deben estar encaminadas a fomentar y desarrollar la capacidad de innovación de un sistema de este tipo.

    Cuando se hace referencia al tejido empresarial es pertinente mencionar que el grado de innovación depende del grado de competencia que hay en la industria, de la apertura comercial, efectivamente como se menciona del grado de especialización del sector, la cultura de innovación que puede estar ligada a la cultura de la calidad (mejora continua), el esfuerzo en investigación medido a través, por ejemplo, del gasto en investigación, las patentes solicitadas y obtenidas y en el perfil de personal.

    Cuando se habla de los recursos para I+D llama la atención que no se mencione la inversión en investigación, Desarrollo tecnológico e innovación.

    Cuando se menciona la intervención gubernamental es necesario incorporar la cuestión de las políticas de fomento y fortalecimiento de la capacidad de investigación y de desarrollo tecnológico como el aprovechamiento de los resultados de esas actividades. Lo anterior requiere a nivel nacional y regional de programas, políticas, incentivos y recursos.

    Se menciona el modelo lineal de transferencia de tecnología, el cual inicia con la investigación tecnológica, pasa por la investigación aplicada y termina en la innovación. Sobre este modelo se dice que sirve para potencializar la realización de innovaciones y que por ello sería el modelo a adoptar. Sin embargo, en el propio texto, se dice en seguida que su aplicación en la comunidad europea ha dado lugar a una paradoja, en donde se ha visto que este modelo ha producido escasas innovaciones tecnológicas. A la luz de las innovaciones realizadas en genómica, nanotecnología, biotecnología y nuevo materiales es evidente que el modelo lineal de transferencia de tecnología no es el único camino a la innovación ni el más o el menos eficiente. Lo que es un hecho es que se deben mejorar continuamente los procesos relacionados con la innovación para que un desarrollo científico útil pueda llegar, efectivamente, al mercado.

    En esta parte del documento se menciona la experiencia positiva de las Oficinas de Transferencia de los resultados de la investigación y sus similares en Latinoamérica señalando que falta la profesionalización de los vinculadores, señalamiento por demás acertado.

    Más adelante, se menciona la necesidad de sistemas de indicadores, a lo hay que añadir que así como se requieren expertos en vinculación también son necesarios expertos en indicadores de innovación. En este parte es encomiable la aportación de organizaciones como La Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología -Iberoamericana e Interamericana (RICYT) o los talleres organizados por la OCDE.

    Después se hacen una serie de aseveraciones sobre lo que le corresponde a la Universidad moderna que pueden ser cuestionables. En principio, no le corresponde a la Universidad “proporcionar a la sociedad igualdad de oportunidades, cohesión social, progreso, crecimiento y bienestar”. Definitivamente puede incidir en éstos, pero no es su responsabilidad, eso es responsabilidad de los Gobiernos de los países.

    A las medidas que se plantean para mejorar la vinculación se podría añadir, las experiencias exitosas como las que se ha logrado reunir a las empresas u organismos empresariales, gobierno y la academia para compartir tanto sus necesidades como sus desarrollos. Tal es el caso de los Consejo Regionales de participación ciudadana.

  16.  
    Jorge Jaramillo Pérez dijo:

    LA GESTIÓN TECNOLÓGICA EN LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

    Ante la pregunta: ¿Por qué la universidad debe vincularse con el sector productivo? Se debe responder teniendo en cuenta entre otros los siguientes aspectos: hoy existe una profunda revolución productiva basada en la ciencia, es decir, la tecnología incorpora cada vez más conocimiento científico para generar innovaciones, lo que conduce a una revolución en la estructura económica internacional, orientada hacia la competitividad; en materia de financiación. Se reducen cada vez más los presupuestos públicos destinados a las universidades (la mayoría bajo la modalidad de fondos “concursables”) generalmente condicionados a obtener recursos por contratos con la industria; por su parte, las empresas reducen su aportes y actividades de I+D y, de otro lado, la sociedad espera que la universidad contribuya a la solución de los problemas del subdesarrollo, sea promotora de una nueva cultura asociativa para desarrollar proyectos emprendedores e innovadores y actúe como agente de desarrollo territorial; y en consecuencia tenga un papel clave en la promoción del territorio.

    Así mismo, tenemos que reconocer que las empresas, son el agente social capaz de darle valor agregado al conocimiento y ponerlo al servicio de la sociedad; ellas compiten e incorporan en sus productos y servicios las ventajas derivadas de los procesos de investigación e innovación y generan el empleo y riqueza que tanto se necesita para mejorar la calidad de vida de la población. Por lo tanto, el desarrollo de las regiones se consigue contribuyendo, desde la universidad, a mejorar la productividad y competitividad de las empresas existentes y promoviendo y apoyando la creación de nuevas empresas.

    Para interactuar e integrarse a la sociedad, la Universidad mediante el Acuerdo Superior 124 expedido en 1997, crea el Sistema Universitario de Extensión, y señala que su objetivo es, “propiciar el diálogo con los estamentos, organismos, asociaciones, instituciones, comunidades grupos locales, nacionales e internacionales, con el fin de establecer el intercambio de conocimientos, de saberes, y de prácticas”, así como “fomentar y divulgar los conocimientos en ciencia, técnica y tecnología, las prácticas investigativas y pedagógicas, y las propuestas en artes y en letras, que se producen en la Universidad” y entre las formas de Extensión, propone la Gestión Tecnológica en la Universidad de Antioquia.

    Teniendo en cuenta lo anterior y con el fin de buscar la interacción con el sector productivo de manera deliberada y sistemática, se creó el Programa Gestión Tecnológica, adscrito a la Vicerrectoría de Extensión, por medio del Acuerdo Superior 218 de 2002, cuya misión es vincular la Universidad con las empresas de su entorno socioeconómico para propiciar relaciones de cooperación con los sectores público y privado con el fin de aplicar, desarrollar y generar tecnologías que contribuyan a la modernización y al desarrollo de la región y del País, y orientar la investigación universitaria hacia la solución de problemas actuales; e igualmente, fomentar en la comunidad universitaria la cultura del emprendimiento, la innovación, el apoyo a la creación de empresas y la asociatividad.

    La Gestión Tecnológica se constituye en un proceso estratégico para la Universidad de Antioquia, con la expedición del Acuerdo Superior 284 de 2004, que fortalece el Programa, considerado como un componente fundamental para el cumplimiento de su misión de cara a este nuevo siglo, que se articula como un subsistema entre los Sistemas de Investigación, Docencia y Extensión para actuar con mayor pertinencia.

    El Programa Gestión Tecnológica, se apoya en dos unidades transferencia de tecnología y emprendimiento empresarial, e interactúa como una oficina interfaz, en un tejido de relaciones con las dependencias académicas, otras universidades y demás agentes del Sistema de Ciencia Tecnología e Innovación. Su accionar está concebido en el Plan de Desarrollo Institucional 2006 – 2016, “Una Universidad investigadora, innovadora y humanista al servicio de la región y el país”, para contribuir a fortalecer este proceso reciente en la Universidad.

    La estrategia de vinculación de la Universidad con las empresas de los sectores social y productivo está soportada en la capacidad de sus 162 grupos de investigación reconocidos por Colciencias y la operación de la Sede de Investigación Universitaria – SIU, en la que se alojan hoy 36 de los grupos mejor calificados, la cual requirió una inversión a 2008 de más de $136.000 Millones de pesos .

    RESULTADOS Y ALGUNOS EFECTOS DE ESTAS ESTRATEGIAS

    Durante sus ocho años de existencia el Programa Gestión Tecnológica – PGT, adscrito a la Vicerrectoria de Extensión, ha promovido políticas e instrumentos normativos como el nuevo Estatuto de Propiedad Intelectual y una reglamentación para ofrecer incentivos a los investigadores por la comercialización de los resultados de la investigación. Adicionalmente ha desarrollado varias estrategias, entre las cuales figuran:

    Los Encuentros UNIVERSIDAD – EMPRESA – ESTADO, como proceso de sensibilización e intercambio de buenas prácticas, del cual se han realizado seis versiones, cuatro en Medellín; uno en Cali y otro en Bogotá. De los Encuentros Universidad Empresa Estado, surge el lema adoptado por el Comité: “Hacia una cultura del emprendimiento, la innovación y la asociatividad para la competitividad y el desarrollo de la región y del País”.

    El Programa lleva la Secretaría Técnica del Comité UNIVERSIDAD – EMPRESA – ESTADO – CUEE, creado en 2003 y liderado por la Universidad de Antioquia para el apoyo de la investigación aplicada y la gestión tecnológica, al cual concurren mensualmente los presidentes de las 20 empresas más importantes a nivel regional, los rectores de las 8 principales universidades de Antioquia, representantes de los gobiernos local y regional y de los gremios empresariales ,. A abril de 2010 se han realizado 78 reuniones del Comité UEE, siete años ininterrumpidos, constituyéndose en un hecho sin precedentes en la historia de la Universidad y la región antioqueña, cuyo logro más importante ha sido inducir un cambio cultural, soportado en una creciente relación de confianza entre los representantes de estos tres agentes del desarrollo regional lo cual ha posibilitado la realización de más de cien proyectos de I+D conjuntos entre las empresas y varios grupos de investigación de las universidades, con resultados importantes de productos que ya se están comercializando o están siendo aplicados en la industria.

    El Comité UEE se ha convertido en otro referente a nivel nacional, siendo emulado por otras universidades en distintas regiones del País: Bogotá, Cali, Bucaramanga, Eje Cafetero (Manizales, Pereira y Armenia), Cartagena, Ibagué y Popayán; y cuenta ahora con el apoyo del Ministerio de Educación Nacional de Colombia – MEN. Cabe destacar que el CONPES en el Documento 3484 de agosto de 2007, reconoce los CUEE como estrategia válida para la competitividad de la Pyme y recomienda promoverlos en el País.

    El estudio de Caso del Comité Universidad Empresa Estado, 2003 – junio de 2008, realizado por dos investigadores del Instituto Tecnológico Metropolitano de Medellín – ITM , concluye diciendo que: “No es de extrañar entonces que el CUEE pueda ser visto como una auténtica innovación socio-política, pionera en la región y el País, donde convergen e interactúan diversos agentes sociales que luchan y cooperan en diverso grado para intentar hacer de la ciencia, la tecnología y la innovación, los motores del desarrollo regional y local”.

    En materia de cultura emprendedora, la Universidad desde el PGT, condujo el proyecto Medellín Emprende, con el apoyo de la Fundación Iberemprende de España, que se convierte en política pública a nivel municipal, y da origen al Programa Cultura E en la administración del doctor Sergio Fajardo Valderrama, Alcalde de Medellín 2004 – 2007, que propicia la construcción del Parque del Emprendimiento, iniciativa entre la Universidad y la Alcaldía, para masificar la cultura del emprendimiento en la Universidad de Antioquia. El Parque inició operaciones en octubre de 2006 y cuenta con el apoyo de otras instituciones de la ciudad integrantes de la cadena de valor para la creación de empresas, tales como: Crea-me incubadora de empresas, Actuar Famiempresas y Parquesoft Medellín. El Parque del Emprendimiento aloja hoy 24 empresas en proceso de incubación de las cuales diez (10) corresponden a egresados de la Universidad de Antioquia y 14 de otras instituciones de educación superior de la ciudad,

    Uno de los logros más significativos de la Universidad de Antioquia, por medio de las gestiones del Programa Gestión Tecnológica con los miembros del Comité UEE, fue la propuesta para la creación en junio de 2007, de la Corporación TECNNOVA Universidad Empresa Estado, como el articulador de estos agentes, la cual a tres años de existencia, se erige como uno de los más importantes entes apoyadores de innovación en el País. También puede mencionarse la conformación de la Sociedad Gestora de Fondos de Capital de Riesgo, en alianza con la Universidad Santiago de Compostela, proyecto apoyado por la AECID y que propicia la creación del Fondo de Capital de Riesgo “Progresa Capital”, en 2008, que conduce la Promotora de Proyectos, con recursos del Grupo Inversiones Suramericana y de otras empresas, para invertir en proyectos de empresa, especialmente derivados de la investigación universitaria.

    Durante casi dos décadas, la Universidad de Antioquia, viene liderando en la región un proceso cultural para pasar de una institución profesionalizante por más de 180 años, a una que está desde hace quince años centrada en la investigación, y que ahora en menos tiempo debe dar el salto a una universidad emprendedora e innovadora, que participa asociativamente con otras entidades en el desarrollo de su territorio, para estar a tono con la dinámica de revisión del papel de la universidad en la actual sociedad del conocimiento, que le plantea el reto de fotalecer la llamada “tercera misión universitaria”, cuyos ejes principales son: emprendimiento, innovación y compromiso social. Este tema tiene actualmente gran importancia en la Unión Europea, a tal punto que le ha planteado objetivos y desafíos significativos a la universidad de ese continente en el horizonte 2020 de una Europa del Conocimiento.

    Tal vez el logro más importante conseguido a nivel regional hasta ahora es el avance en el cambio cultural para la vinculación universidad-empresa, basada en la generación de confianza entre las partes, para hacer útil el conocimiento generado y fomentar el espíritu de iniciativa en su comunidad académica, que permita la formación de líderes y agentes de cambio, capaces de darle valor agregado a las organizaciones a las cuales están vinculados o de crear las empresas para la nueva economía en la sociedad del conocimiento que contribuyan con la competitividad del territorio.

  17.  
    Jorge Jaramillo Pérez dijo:

    El anterior comentario es un aporte de la Universidad de Antioquia – Vicerrectoría de Extensión – Programa Gestión Tecnológica.

    JORGE JARAMILLO PÉREZ
    Director
    Programa Gestión Tecnológica
    Medellín, mayo 3 de 2010

  18.  
    Alvaro Cepeda van Houten dijo:

    Con respecto a las reflexiones sobre el análisis de un sistema de innovación presentado por la doctora Adelaida de la Calle, se hace necesario dejar de lado las posturas epistemológicas que abordaban la producción del conocimiento en un esquema de poder centralizado, pues éste, no es relevante ni para la institución, ni para la sociedad, pues se concibe desarticulado de las necesidades verdaderas, o como lo plantea Gibbons , desde el contexto de aplicación, aspecto que debería ser claro en este momento para cualquier universidad. Igualmente desde Gibbons se podría justificar el que la investigación pase a manos de las unidades expertas y que éstas tengan plena autonomía para liderar sus procesos, de esta manera, se podrá acercar a la producción del conocimiento en el modo 2, pues entre otras características, se podrán obtener conocimientos que:
    - Atiendan a los requerimientos propios de las disciplinas y a su vez, respondan a las necesidades concretas de la sociedad y porque no, del sector productivo.
    - Surjan de verdaderos procesos investigativos autónomos y participativos, no centralizados que le permitan a la universidad salir de sus muros y producir conocimientos desde los contextos propios de aplicación.
    - El conocimiento que se genere será de corte transdisciplinario e interdisciplinario.
    - Sean presentados a la comunidad académica y científica para su validación.
    - Conocimientos que sean fruto de la creatividad del colectivo que participa en su producción.

    Para acercarse a lo anterior, la universidad como institución, debe innovar sus formas organizativas dando paso a estructuras académico-administrativas flexibles que permitan la producción, la transferencia y la gestión del conocimiento.

  19.  
    Dra. Yoloxóchitl Bustamante Díez dijo:

    Uno de los principales retos para las Universidades que quieran ser pertinentes y competitivas, es incursionar a través de sus planes y programas de desarrollo institucional de una forma decidida y comprometida, en los diferentes tipos de innovación que refiere el Manual de Oslo (OECD 2005), para beneficio de los diversos sectores de la sociedad:
    ? De bienes o servicios, referidos a la introducción de productos nuevos o significativamente mejorados en sus características funcionales o usos previstos.
    ? De procesos, referidos a la implementación de métodos nuevos o significativamente mejorados de producción o distribución, llevados a cabo en general a través de equipos, técnicas o software.
    ? De métodos de comercialización (producto/precio/ plaza/promoción), que involucren cambios significativos en el diseño, empaque, venta, posicionamiento o precio de un bien o servicio.
    ? De métodos organizacionales, referidas a la implementación de nuevos métodos en las practicas de negocio, la organización en el lugar de trabajo o en el modo en que se llevan las relaciones externas de la organización.
    ? Modelo de negocios, combinando de manera simultánea, diferentes tipos de innovación.
    Se deben explorar otros caminos para innovar, tales como la aplicación local de innovaciones desarrolladas en otros países, o de la adopción y adaptación de conocimientos, prácticas y técnicas desarrolladas en otras empresas o industrias.
    Es claro el concepto de que, si los productos, procesos o servicios no son aceptados por el mercado, no existe innovación; y que la innovación es el elemento clave para la competitividad de la Universidad y del usuario.
    Cada institución, en función de sus características particulares debe elegir el camino de desarrollar la innovación radical, con aplicaciones nuevas de una tecnología o combinación original de nuevas tecnologías; o bien la innovación incremental, a través de mejoras que se realizan sobre un producto, servicio o método existente.
    Es importante considerar que los programas de estudios de las Universidades están más orientados al esquema académico que al empresarial y por tanto no se favorece en cantidad y calidad, la movilidad de docentes- investigadores hacia los sectores productivos, por lo cual es conveniente incorporar en los planes y programas de estudio las estancias industriales de docentes y alumnos, así como revisar la pertinencia de las licenciaturas ante las necesidades de innovación de nuestra sociedad y de los empleadores.
    Las universidades deben encontrar los medios adecuados para gestionar la transferencia del conocimiento que genera y sus productos tecnológicos, hacia los diversos sectores de la sociedad, a fin de apoyar el progreso social y la competitividad económica.
    Los parques científicos y tecnológicos deben ser las nuevas estructuras universitarias que permitan trasladar el conocimiento al mercado.
    La cultura emprendedora debe promoverse entre las comunidades docente y estudiantil, a través de procesos de capacitación que incluyan talleres, que permitan la mejora de habilidades, capacidades y actitudes.
    Deben establecerse los mecanismos legales y administrativos adecuados para incentivar a los docentes-investigadores para que se involucren en proyectos vinculados y puedan ofrecerse en tiempo y forma los servicios tecnológicos específicos según se demanden.
    La Universidad debe promover el cambio cultural hacia una sociedad más emprendedora e innovadora, iniciando con la mejora de la calidad de la docencia y la investigación; elaborando una planeación estratégica de las actividades de transferencia de conocimiento y tecnología; así como incentivando la creación de empresas e institucionalizando la cultura de la protección intelectual, con especial énfasis en el registro de los derechos de autor de sus obras literarias y científicas y el patentamiento de sus productos tecnológicos, sin que esto impida ofrecer los mismos servicios a los sectores productivos de bienes y servicios.
    La gestión de la propiedad intelectual, en particular las patentes, deben acompañarse hasta la transferencia o comercialización adecuada de las mismas, con apoyo legal y administrativo, atendiendo a los respectivos estímulos económicos para los actores involucrados.
    Cada Universidad debe identificar y organizar Grupos de Enfoque, entendiendo como tal, a un grupo multidisciplinario de especialistas, con experiencia en actividades de vinculación con empresas de los sectores productivo y social, y que cuenten con capacidades científicas y técnicas necesarias para realizar proyectos especializados.
    Estos Grupos de Enfoque serán capaces de asumir compromisos al margen de los tiempos y ritmos de la propia Universidad, en congruencia con las necesidades de los usuarios, recibiendo un complemento salarial que debe estar normado con base en la legislación específica que genere cada institución.
    La conformación de una Red Iberoamericana para la Formación de Gestores de las Relaciones Universidad- Entorno Socioeconómico es una iniciativa muy importante, que apoyará en la profesionalización de las actividades inherentes a la relación Universidad- Empresa y será el crisol para el intercambio de experiencias de las redes regionales o nacionales, proporcionando elementos para dar seguimiento sistemático a las iniciativas emprendidas en este rubro. La experiencia en el diseño y operación de los parques científicos y tecnológicos para la innovación y la transferencia del conocimiento y de la tecnología podrá compartirse de forma directa y eficiente a través de los mecanismos de comunicación que se establezcan en este Red.
    La necesidad de establecer un sistema de indicadores es de vital importancia, a fin de homologar los criterios de medición y conocimiento de la situación diagnóstica. Una vez construidos los indicadores serán de gran utilidad para apoyar en la toma de decisiones en todos los niveles involucrados, tanto en la Universidad como en los sectores productivos de bienes y servicios.

    Dra. Yoloxóchitl Bustamante Díez
    Directora General del Instituto Politécnico Nacional

  20.  
    Carlos Hernández Sande dijo:

    ¿Qué falta en el hospital del emprendimiento?

    Siempre se produce una curiosa consecuencia cuando nos encontramos eminentes universitarios (rectores, vicerrectores, catedráticos, profesores y gente libre pensante en general), que es la siguiente: creemos que si dedicamos suficiente tiempo y esfuerzo a reflexionar sobre una situación de partida, podemos alcanzar, una solución que una vez vislumbrada supondrá el fin a todos nuestros problemas, mediante una reacción en cadena que eliminará barreras y creará estructuras.
    Evidentemente, esa lógica funciona en un desarrollo matemático, pero en el sistema de I+D de los países en este foro representados es ciertamente ilusa.
    De la ponencia presentada por Adelaida de la Calle se desprenden muchas reflexiones que están bien articuladas. Aunque las soluciones muchas veces no se encuentran en un simple blog de una reunión internacional, sí creo que se puede aportar algún grano de arena en el concepto de ecosistema de la innovación que propician Andres Pedreño y el respetado Darío Villanueva.
    Para entender el concepto que debemos barajar me refiero a la definición de Ecoemprendimiento (ecosistema emprendedor) como “el estudio de las relaciones complejas entre entes y seres emprendedores con sus entornos académicos, sociales, políticas y económicos” y al otro concepto de sostenibilidad de la acción emprendedora basada en el trofismo (una capa da alimento a la siguiente que se encuentra en su cadena trófica).
    El concepto de Ecosistema y el de Trofismo (sostenibilidad) son la base de todos los sistemas de innovación y emprendimiento que funcionan adecuadamente.
    El diagnóstico que atañe al ecosistema emprendedor que es:
    - Insuficiente articulación entre centros generadores de conocimiento y el sector productivo.
    - Desarrollo insuficiente de los sistemas de gestión de la propiedad intelectual.
    - Inadecuado mecanismo de financiación para la creación de spin-offs: necesitamos, no solo incrementar los fondos, sino también “los incentivos”.
    - El emprendimiento en el ámbito latino-americano está microfraccionado tanto sectorialmente como geográficamente.
    - La economía del conocimiento está basada en la industria del conocimiento, cuyas factorías (como dice Darío Villanueva) están inmersas en nuestras universidades.
    ¡Podríamos diagnosticar mas! Pero para transmitir mi concepto haré uso de la analogía del Hospital del Emprendimiento. En el que claramente, por un lado, están perfectamente desarrollados los servicios de diagnóstico y análisis y el departamento de radiología de los entes emprendedoras, pero que por otro lado poco o nada ha sido desarrollado de los servicios de cirugía, patologías (de seres emprendedores) y las unidades de cuidados intensivos.
    Las autoridades académicas y gubernamentales no deben repetir hasta la saciedad lo que hay que hacer, sino deben implementarse las medidas para tratar a los pacientes emprendedores que están perfectamente identificados.
    Diseñemos lo que hay que hacer, ¡Quién lo va hacer! Qué incentivos van a tener los que lo hacen (trofismo) y los que reciben la acción y por último quien lo va a financiar, sin cadena trófica no hay ecosistema sostenible.
    Debemos intensificar mas nuestros departamentos de cuidados intensivos, especialmente, en lo que respecta al diseño de nuestros sistemas de gobernanza de gestión del conocimiento y sistemas de gobernanza de la transferencia de tecnología y conocimiento. En la gestión de este activo radica el futuro y sostenibilidad, no del ecosistema emprendedor, sino de la universidad moderna y su camino hacia la diversificación de sus fuentes de financiación.

    Carlos Hernández Sande
    Director Programa UNIEMPRENDE
    Universidad de Santiago de Compostela

  21.  
    Carlos Casasús dijo:

    Las nuevas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, permiten difundir el conocimiento a una velocidad sin precedente. Las universidades deberán apoyar la integración de repositorios de publicaciones científicas para que sus investigadores puedan tener acceso a la información más reciente; deben incentivar la publicación de resultados en repositorios abiertos y contar con redes de telecomunicaciones que permitan hacer más eficiente su comunicación. Por eso, los Planes Universitarios de difusión del conocimiento, deberán plantearse en conjunto con las redes nacionales de educación e investigación de los países.

  22.  
    Francesc Solé Parellada dijo:

    El excelente documento de la Rectora Adelaida nos introduce al modelo y además nos avanza problemas y soluciones. Poca cosa a añadir y a mejorar. La Fundación Conocimiento y Desarrollo se creó para promover la contribución de las universidades al desarrollo económico y social y un camino, probablemente el más eficaz, de contribuir al desarrollo de los ámbitos de influencia de cada universidad, es facilitar el transito del conocimiento previo, resultado de la investigación, para que este se transforme en innovación, y por tanto este es un tema que interesa a la Fundación. El economista Tapan Munroe nos dice que los ecosistemas de la innovación que funcionan tienen al menos seis componentes: universidades focalizadas a la investigación, mercados de capitales especializados, conexión a las redes globales, cultura emprendedora, calidad de vida, y recursos humanos capacitados. Claro que Tapan Munroe está pensando en el Silicon Valley. H. Etzkowitz en su conocido modelo de la triple hélice, en su versión simplificada, nos propone como solución facilitar la relación entre los, según él, tres agentes más sustantivos: empresa, universidad y administración pública. Esta relación es la que facilitará la puesta en marcha de un círculo virtuoso que convertirá el conocimiento en innovación. Si analizamos el modelo de H.E, el camino pasa por la conocida secuencia que va de la ciencia a la tecnología, de ella a la industria y de aquí a la innovación. El modelo se complica al añadir el vector del valor añadido que supone superar los mercados locales para pasar a lo globales. Sin embargo, no parece tan difícil cuando se argumenta que como la ciencia es global y una buena universidad se supone que, en el campo de la investigación, juega en el ámbito global, el traslado de la ciencia global a la innovación global no será una barrera imposible de superar. Las revistas no entienden de fronteras, pero la innovación tampoco. El reto, sin embargo, para las universidades situadas en países de renta media y de renta media baja, es el de disponer de todos los elementos del ecosistema de la innovación propuesto por Tapan Munroe. La carencia de alguno de los elementos puede dificultar de manera sustancial el camino de las publicaciones y otros subproductos de la investigación a la innovación. Dicho de otro modo, cuando los entornos de una universidad son débiles, incluso en territorios de rentas medias/ altas y altas, la dificultad del tránsito del conocimiento a la innovación que beneficie al territorio no es tarea fácil. Todavía es mas difícil para aquellas universidades donde la organización de la investigación es incipiente y los recursos para su sustento son también escasos. Consecuentemente, previo a la innovación es la creación de una base investigadora solvente que asegure las publicaciones y la creación de una base organizada de conocimiento estable. Cuando los grupos de investigación alcanzan las dimensiones críticas crean las competencias necesarias para transferir y dedican recursos humanos y materiales a la obtención de oportunidades valorizables. De esta forma, la universidad garantiza de forma permanente un flujo de transferencia, patentes y espin-off. Los propios grupos de investigación y las spin-off creadas actúan como atracción de talento, son demandantes de espacio, y por lo tanto pasan a ser el núcleo inicial del parque tecnológico. Siendo esta la secuencia, la contribución de la universidad a este específico campo de la tercera misión depende de su situación en relación con la investigación y la habilidad de crear servicios que complementen y suplan las deficiencias del entorno local.

  23.  
    Jesús Ancer Rodríguez dijo:

    Sin lugar a dudas debemos ver el proceso de innovación como una columna toral del desarrollo y sustentabilidad de toda sociedad, donde, si bien debe ser ésta (la innovación) el camino para conseguir el estado de equilibrio, es la sociedad quien debe ser el beneficiario supremo de todos nuestros esfuerzos asociados.
    Ver la innovación como un modelo de responsabilidad social y sustentabilidad nos lleva a pensar que ésta debe de ser abordada y ejecutada en función de la sociedad de forma incluyente y moderna, pero humanista, que nos lleve verdaderamente a un estado factible de una sociedad del conocimiento; pero aquí debemos preguntarnos si las brechas generacionales de nuestra sociedad contemplan la conversión de nuestra estructura mental como algo natural para sólo considerar este tema a nivel de las instituciones de educación superior, pensando que el resto de la sociedad está completamente preparada para el nuevo rol que estamos planteando o debemos ampliar nuestro horizonte de acción hacia niveles de educación básica, cuyos modelos educativos se enfoquen en la formación de estructuras mentales que cuestionen su status quo en búsqueda constante de mejores estados de vida. Quizá de esta forma estaremos incubando una verdadera sociedad del conocimiento que en el futuro permita revolucionar y flexibilizar nuestro pensamiento, incrementando la practicidad de nuestras invenciones e innovaciones y haciendo que nuestro mundo y sociedades evolucionen de manera más rápida pero natural con un espíritu social, cultural y económicamente sustentable y responsable.
    Por otro lado, es importante tratar este tema desde la óptica de la siguiente paradoja: ¿la velocidad de las sociedades está en congruencia con la paciencia necesaria para la creatividad e innovación?
    Hasta hoy nuestro sistema económico nos ha llevado al avance en esta carrera vertiginosa por tener más cada día y no necesariamente por ser más y vivir mejor. Esta paradoja nos inserta en una disyuntiva entre copiar e imitar, o crear e innovar; la experiencia demuestra que hemos preferido el camino más fácil, pues no se ha incentivado en nuestros jóvenes la idea de ser más y estar mejor a través del conocimiento y así procurar un mundo mejor; lejos de esto, nuestra mente está estacionada en tener más, inconscientes de que la innovación e invención es el movimiento perfecto para producir mayor rentabilidad acompañada de mejores estados de vida.
    Debemos concentrar nuestros esfuerzos y atención en privilegiar y dedicar el tiempo necesario para hacer las cosas de diferente manera y premiar los logros obtenidos, y no sólo motivar la adopción ágil y rápida de conocimientos y habilidades ya preestablecidas como requerimiento para el éxito, esto logrará insertarnos en un proceso sistémico de innovaciones, que al estar verdaderamente vinculados las universidades, empresas y gobierno, comandados por la idea de lograr una evolución constante de toda la sociedad, se logrará contar con un verdadero proceso de trasferencia tecnológica y de conocimiento, llegando a impactar directamente a la comunidad, objeto supremo de nuestra misión como universidad, redundando en sociedades ricas, crecientes, perdurables y éticamente competitivas.

  24.  
    ALDO VALLE ACEVEDO dijo:

    La presentación de la profesora De La Calle es orientadora y clarificadora respecto del papel que deben jugar las universidades en los tiempos actuales. Una Universidad encerrada en si misma tiene menos posibilidades de tener incidencia en el desarrollo de un país, una región o una localidad. Desde la década de los sesenta, con reforma incluida, se ha entendido que las instituciones universitarias están convocadas a sostener una sintonía fina con su entorno y, en su calidad de instancias autónomas, generadoras de conocimiento, formadoras de masa crítica, se comportan como conciencia crítica de nuestras sociedades.

    Esta misión, arraigada profundamente en el devenir histórico de nuestras universidades, nos plantea hoy nuevos desafíos, acordes por cierto, a los tiempos que vivimos, y principalmente al modelo económico social en que nos debatimos. La llamada tercera misión entonces debe estar vinculada a generar mejores condiciones de vida a nuestros ciudadanos, re – legitimando a la Universidad como un espacio de academia, excelencia, investigación y producción de conocimientos, vinculados a las necesidades de la ciudadanía y del tejido productivo.

    En esta perspectiva, los actores que la profesora De La Calle señala en su ponencia son claves para generar el círculo virtuoso de la innovación. Un tejido empresarial que entienda cual es la misión de la universidad y genere políticas que faciliten la relación, recursos económicos y físicos para desarrollar para I+D , políticas públicas coherentes y permanentes en el tiempo para producir estrategias de innovación y un entorno que promueva desde el sistema educativo la posibilidad de tener capital humano para la transferencia de tecnologías.

    Este modelo, en sociedades “emergentes” como la de nuestra región, no siempre es posible de practicar, puesto que se hace complejo alinear, en una política común, a los actores antes señalados. Sin embargo, en el discurso reciente de nuestros gobiernos ha estado presente la idea de producir una cultura del emprendimiento que sintonice a los centros de investigación y a las Universidades con el aparato productivo de nuestro país.

    Debe por tanto existir a la base del modelo una política pública con amplio respaldo político. En otras palabras, se requiere de una política de Estado que propenda a generar una institucionalidad y una política pública, de modo que la producción de conocimientos, la innovación y la transferencia de éstos al tejido empresarial sea un producto coherente del modelo.

    En países altamente centralizados como el caso de Chile, con niveles de descentralización y desconcentración aún insuficientes, las políticas y especialmente los recursos económicos para producir innovación tecnológica dependen casi exclusivamente de organismos centralizados, con escasos espacios institucionales en la
    propia región para generar políticas y acciones de innovación con real impacto en el aparato productivo local. La reciente creación de las Agencias regionales de Desarrollo es un paso en la dirección correcta, puesto que la misión de estas instituciones es relacionar de modo efectivo, la estrategia de desarrollo diseñada en cada región del país, con sus universidades y centros de conocimiento, sus empresas y el capital humano existente en el territorio.

    Adicionalmente puedo señalar que la creación de fondos como Fondecyt (Fondo Nacional de desarrollo científico y tecnológico), Fondo de Innovación y la Competitividad, (FIC) creado a partir del royalty minero, y programas desarrollados por CORFO (Corporación de Fomento) SERCOTEC (Servicio de Cooperación Técnica) y Conicyt ( Comisión Nacional de Investigación científica y tecnológica) tendientes a mejorar la competividad de nuestro aparato productivo a través de la innovación y transferencia tecnológica, resultan una buena muestra de la preocupación del Estado por esta materia, aunque aún, como señalé anteriormente, no exista una plataforma, a partir de una política de Estado, que oriente en una mirada estratégica, el papel que deben, instituciones públicas (incluidas las universidades) y privadas, que producen conocimiento e innovación, en los cambios que requiere nuestro modelo de desarrollo.

    Un comentario final. La Universidad debe mantener una vinculación permanente con el medio, con su entorno, con la sociedad en que se inserta. Es una responsabilidad social y política ineludible. La producción de conocimientos, la investigación (sea esta básica o aplicada) la transferencia de estos conocimientos al tejido empresarial y productivo, para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, son una dimensión – importante y fundamental- en la relación universidad y sociedad. Sin embargo hay otras áreas que esta relación se debe expresar con la misma nitidez. Me refiero al desarrollo de la cultura y las artes, a la promoción de nuevas formas de asociación y participación ciudadana, al fortalecimiento de la nuestras democracias locales y nacionales, en fin a toda esa misión crítica y orientadora que tiene una Universidad comprometida con su sociedad.

    En los inicios del siglo XXI es imperativo competir. Una posición en el mundo requiere, tal cual están dadas las cosas, sociedades altamente formadas, en que el capital humano se constituya en fortaleza principal al momento de acometer estrategias de desarrollo que mejoren la calidad de vida de las personas. Para ello las propuestas de la profesora De La Calle son pertinentes. Sin embargo, creo que este esfuerzo no puede ser únicamente responsabilidad del sistema universitario, es un desafío de los Estados y principalmente del mundo empresarial. Entendiendo que la fragmentación política suele ser un obstáculo difícil de superar a la hora de poner en marcha políticas públicas de alto consenso. Generar conocimientos, diseñar un sistema de cooperación entre las
    universidades, construir parque tecnológicos, en definitiva innovar para mejorar nuestra posición en el mundo y la de nuestros ciudadanos, es una tarea lo suficientemente importante como para tener políticas nacionales y supranacionales con amplio acuerdo.

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